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El Papa, contra la divinización del mercado neoliberal / Vaticanerías / Eduardo Lliteras Sentíes

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El Papa Francisco dio a conocer hoy por la mañana un documento que será crucial para comprender su pontificado y que puede considerarse auténticamente un programa de Gobierno. Foto: Eduardo Lliteras

El Papa Francisco dio a conocer hoy por la mañana un documento que será crucial para comprender su pontificado y que puede considerarse auténticamente un programa de Gobierno. 'Evangelii Gaudium' (La alegría del Evangelio) es el documento presentado en el Vaticano. Se trata de una exhortación apostólica de 142 páginas (en su versión en español ya que fue publicada también en italiano, inglés, alemán y francés) que el Papa ha escrito tras su reunión de octubre de 2012 con los obispos de todo el mundo, llevada a cabo en el Vaticano, y que tuvo como objetivo discutir sobre cómo anunciar el Evangelio en el mundo del siglo XXI. El documento está dividido en cinco capítulos. El primero se titula “La transformación misionera de la Iglesia”; el segundo “En la Crisis del Compromiso Comunitario”; el tercero “El Anuncio del Evangelio”; el cuarto “La Dimensión Social de la Evangelización” y el quinto “Evangelizadores con Espíritu”. A su vez, el documento se subdivide en 288 párrafos o tesis.

El Papa aborda numerosos temas, pero destacan su preocupación por la nueva evangelización así como por la pobreza y las políticas económicas neoliberales aplicadas en el mundo. Cuestiona los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante y la idea de que el mercado, por sí mismo, a través únicamente del crecimiento económico, reducirá la pobreza. Esto es falso, dice el Pontífice, quien rechaza, literalmente, que se pueda seguir depositando en las “fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado” el combate a la pobreza.

El líder de los católicos es incisivo, no deja lugar a dudas sobre su crítica al actual modelo económico aplicado en el mundo, y en particular en América Latina, cuando dice que “la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar”. Francisco advierte que las protestas que recorren a numerosos países y sus ciudades, no podrán ser acalladas por la fuerza, sino hay justicia, económica, para empezar.

Pero además del tema de la pobreza, de la injusticia del sistema de mercado neoliberal que aborda extensamente, el Papa también toca temas más tradicionales de la doctrina católica como el aborto, cuestión sobre la que no hay cambio alguno, aun cuando dice que las mujeres deben ser comprendidas y ayudadas, en caso de abortar. Asimismo, el Pontífice dice que hay que abrir nuevos espacios a las mujeres en la Iglesia, eso sí, excluyendo la ordenación sacerdotal.

 

LA POBREZA Y LA EVANGELIZACIÓN, PRIORIDAD

La evangelización es prioridad absoluta para el Papa. Habla de una Iglesia misionera, que se vuelca en las calles, que no se queda encerrada en sí misma: “Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar”.

Eso sí, la nueva evangelización debe pasar por “la opción preferencial por los pobres”. Los pobres, dice el Papa requieren “una atención religiosa privilegiada y prioritaria”.

Francisco insiste en que su oleada evangelizadora debe escuchar a los marginados: “Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo”.

Evangelización sí, pero también lucha contra la pobreza, la exclusión y el sistema económico e ideológico que lo favorece.

Los excluidos del sistema siguen esperando, asegura el Papa y afirma que se necesita colocar al hombre en el centro de la preocupación de las tesis económicas que gobiernan al mundo.

En su exhortación apostólica rechaza las “ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera” y las califica de “tiranía invisible”.

El Papa argentino no duda en abordar temas de primera preocupación en nuestras sociedades como la contaminación y la violencia. Cuestiona la destrucción del medio ambiente, arrasado, dice, “ante los intereses del mercado divinizado”. Y sentencia, sobre la violencia que aflige a países como México, que “hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicarla”.  Francisco no se deja engañar y dice que el aumento de los presupuestos en materia de seguridad o en inteligencia, no solucionarán per sé, la grave inseguridad de nuestras sociedades.

Francisco cuestiona que “algunos todavía defienden las teorías del «derrame»”, las que “suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”.

Su Santidad asegura que “la crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!”.

Y afirma: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible”.

El Papa insiste en que “ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos”.

El líder de los católicos es incisivo, no deja lugar a dudas sobre su crítica al actual modelo económico cuando dice que “la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar”.

Puntualiza que “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad,[173] no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”.

Lector atento de las protestas sociales que recorren el planeta, particularmente en Occidente y en el Magreb, el Papa afirma que “en muchos lugares del mundo, las ciudades son escenarios de protestas masivas donde miles de habitantes reclaman libertad, participación, justicia y diversas reivindicaciones que, si no son adecuadamente interpretadas, no podrán acallarse por la fuerza”, advierte.

El líder de los católicos en el mundo, también critica la destrucción ecológica perpetrada en un afán de ganancia: “En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”.

El Papa aborda, como ya señalé, el tema de la violencia, que tan duramente aflige a México y a numerosos países centroamericanos y del Cono Sur: “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión”.

Francisco no se deja engañar con el aumento de los presupuestos en seguridad en el tema de la violencia: “Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz”.

El Pontífice cuestiona a los teóricos del fin de la historia como Fukuyama: “Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas”, asegura.

“Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes”, añade.

 

LAS MUJERES, LA EVANGELIZACIÓN, EL ABORTO

El Papa, en su exhortación apostólica, se muestra preocupado por la “persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia”. La intolerancia religiosa le preocupa, en particular, en África, donde las comunidades cristianas son sometidas a ataques y matanzas de extremistas islámicos.

Pero también aborda el tema de la mujer en el mundo y en la Iglesia: “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos”.

Respecto a la mujer en la Iglesia, a pesar de precisar que hay que abrir nuevos espacios a su participación, les niega la entrada en el sacerdocio, el que queda “reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía”.

Eso sí, advierte a los hombres de Iglesia que el sacerdocio “puede volverse particularmente conflictivo si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder”.

Preocupado por el avance de nuevos cultos, sectas y grupos cristianos, advierte a las jerarquías eclesiales y a la grey que, “la fe católica de muchos pueblos se enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de nuevos movimientos religiosos, algunos tendientes al fundamentalismo y otros que parecen proponer una espiritualidad sin Dios. Esto es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas para sus necesidades”.

Por supuesto, el Papa también cuestiona, como hiciera el Papa Benedicto XVI, lo que denominan el “relativismo moral” predominante: “Como bien indican los Obispos de Estados Unidos de América, mientras la Iglesia insiste en la existencia de normas morales objetivas, válidas para todos, «hay quienes presentan esta enseñanza como injusta, esto es, como opuesta a los derechos humanos básicos. Tales alegatos suelen provenir de una forma de relativismo moral que está unida, no sin inconsistencia, a una creencia en los derechos absolutos de los individuos. En este punto de vista se percibe a la Iglesia como si promoviera un prejuicio particular y como si interfiriera con la libertad individual»”.

Respecto a la familia tradicional reitera que atraviesa una “crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales”.

Cuestiona “al individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares”.

Como ya señalé, entre las grandes preocupaciones del Papa se cuenta la nueva evangelización, a la que invita a participar a toda la grey, en todo momento, así como a los mujeres y hombres de vida consagrada: “Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. En los países de tradición católica se tratará de acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza que ya existe, y en los países de otras tradiciones religiosas o profundamente secularizados se tratará de procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura, aunque supongan proyectos a muy largo plazo”.

Sin embargo, el Papa reconoce “que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe”.

Por último, advierte que “la mayor amenaza, que «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad»”.

Por último, respecto al aborto puntualiza que no hay cambios al respecto en la doctrina de la Iglesia, aunque cuando pide “comprender” a las mujeres que abortan: “La defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo”.

Y sentencia: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza”.

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