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Vaticanerías

El encubrimiento de Marcial Maciel por varios Papas / Vaticanerías / Eduardo Lliteras

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En la foto histórica el fundador de Infolliteras.com, Eduardo Lliteras, al centro, durante los álgidos día del escándalo de los abusos sexuales en el Vaticano

El Vaticano rebosaba de cámaras de televisión, de antenas satelitares, vehículos de grandes cadenas de televisión de los Estados Unidos. Medios de todo el mundo sitiaban al Vaticano y se habían instalado en la Plaza Pio XII. Los periodistas andaban a la caza en Plaza San Pedro de los purpurados y obispos que en gran número habían viajado hasta Roma.

No, no se trataba de alguno de los dos cónclaves de los últimos 10 años sino de la visita de urgencia de la plana mayor de los obispos y cardenales estadounidenses por los casos de abusos sexuales a menores. Once cardenales de la Curia Vaticana y 13 cardenales de Estados Unidos encabezados por el cardenal de Boston, Bernard Law, se reunían de forma completamente excepcional en los Palacios Vaticanos con el postrado Papa Juan Pablo II, quien languidecía en los Palacios Apostólicos circundado del clan polaco y de su portavoz del Opus Dei, Navarro Valls, el atildado español que manipulaba a los medios de comunicación de todo el mundo. Era el 23 de abril de 2012 y la reunión, fuera de toda regla en el Vaticano, marcaría el fin del histórico pontificado de 26 años del Papa polaco, actor principalísimo en la derrota del imperio ateo, en la caída del Muro de Berlín y de la Cortina de Hierro, de la desaparición de la ex URSS y de la victoria de Lech Walesa.

La bomba de los abusos sexuales había estallado de forma incontenible, a pesar de todos los esfuerzos del aparato propagandístico católico y de sus aliados en medios “laicos” de todo el planeta. El Papa Juan Pablo II tenía que afrontar, desde su silla de ruedas, el destape del escándalo, por tanto tiempo contenido a través de amenazas y presiones  para que víctimas, familiares y periodistas fueran acallados y acosados como “enemigos de la Iglesia”.

Pero el sol no se puede tapar con un dedo. Y si bien en los Estados Unidos las denuncias de las violaciones cometidas por sacerdotes desbordaron a la Iglesia Católica llevándola inclusive a la quiebra, alrededor del mundo el silencio se fue rompiendo a pesar de las presiones de las jerarquías y sus cómplices en todos los ámbitos. Urbi et orbi las denuncias de abusos se fueron dando a conocer hasta que algunos Gobiernos decidieron crear comisiones investigadoras, nunca antes vistas para indagar sobre las acusaciones contra sacerdotes y monjas en numerosas instituciones a lo largo de décadas.

Ahora, ante la ceremonia que el Vaticano prepara para declarar santo a Juan Pablo II no puede uno dejar de recordar el clima que prevaleció durante el fin de su pontificado hacia los periodistas que tuvieron el atrevimiento de revelar los casos de abusos sexuales cometidos en Roma y alrededor del mundo. El acoso fue la norma así como las presiones de toda índole para acabar con los periodistas que de alguna manera se atrevían a romper el espejo en el que plácidamente se veía el Vaticano y el Papa: de autocomplacencia y aplausos ensordecedores del establishment internacional.

Pero el silencio impuesto sobre los abusos sexuales apenas se rompía. Ahora, se sabe con toda claridad que no solo durante el pontificado de Juan Pablo II se ocultaron dichos crímenes. Por ejemplo. Documentos de los archivos del Vaticano dados a conocer por la agencia estadounidense AP en un cable muestran cómo una sucesión de Papas –incluyendo a Juan XXIII y Juan Pablo II, ambos en ciernes de ser canonizados—simplemente cerraron los ojos “ante los creíbles reportes sobre el mexicano Marcial Maciel, señalado de drogadicto, pedófilo y un fraude religioso”.

Para 1948, siete años después de que Marcial Maciel fundó la Legión de Cristo, la Santa Sede –explica el cable de AP escrito por la vaticanista Nicole Winfield- tenía documentos enviados por obispos en México y España que cuestionaban la legitimidad de la ordenación de Maciel (realizada por su tío, después de que Maciel fue expulsado de una serie de seminarios). Dichos documentos también cuestionaban la legalidad de la fundación de su orden y hacían notar su comportamiento totalitario y la violación espiritual de sus jóvenes seminaristas.

“Los documentos muestran que la Santa Sede tenía conocimiento claro de los abusos sexuales, de su uso de drogas y de los malos manejos financieros desde 1956, cuando se ordenó una investigación y se le suspendió por dos años para que dejara su hábito con la morfina”.

Como explica Winfield, a lo largo de décadas, gracias a la habilidad de Maciel de mantener controlados a sus sacerdotes y a la colocación de curas en puestos clave en el Vaticano, los obispos mexicanos, ricos mexicanos y el Vaticano miraron hacia otro lado. A su vez, impresionada la jerarquía del Vaticano con la ortodoxia de los sacerdotes de Maciel y su habilidad para atraer no sólo nuevas vocaciones sino abundantes donativos, el Vaticano no movió un dedo contra Marcial Maciel.

Por el contrario. Como recuerda AP, Juan Pablo II en 1994 rezó por Marcial Maciel tildándolo de “eficaz guía de los jóvenes”.

No sólo. Los más altos jerarcas del Vaticano y consejeros del Papa polaco eran los más fieros hinchas del fundador de la Legión de Cristo. Estaban convencidos –así lo decían también gracias a los “donativos” personales en dinero que recibían de manos del mismo Maciel- que las acusaciones contra el mexicano eran “calumnias” contra un “santo”.

Hicieron a un lado numerosos testimonios de obispos y otros sacerdotes cuya documentación también se encuentra en los archivos del Vaticano, recuerda AP.

En realidad, Marcial Maciel fue sostenido hasta el último momento. Inclusive tras ser parcialmente defenestrado por el Papa Benedicto XVI al “condenarlo” al retiro y a un vida de oración.

Sin ir más lejos, el cardenal y en aquel entonces el poderoso Secretario de Estado del Vaticano,Ángelo Sodano, lo siguió defendiendo así como el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Religión, el cardenal Franc Rode, quien absolvió a Marcial Maciel rezando por los “buenos frutos” que había dado a la Iglesia.

“La fruta es buena. La fruta es extraordinariamente buena. Es excelente” dijo Rode en 2008 según publicó El Zócalo. ¿Podemos decir que el árbol es malo? Desde un punto de vista lógico, diría que no. Yo absuelvo al padre Maciel. No lo juzgo”.

Así se explica la impunidad de Marcial. Y la protección de Juan Pablo II a lo largo de todo su papado.

 

 

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