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Ecología

En México opera el más grande Banco de Germoplasma de maíz

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  • Desde hace miles de años el maíz se ha convertido en el principal cultivo alimenticio de la población mexicana y no es casualidad que ocupe alrededor del 50 por ciento de la superficie de siembra cada año. Existen antecedentes de una variedad del cereal, “Tuxpeño”, que los especialistas ubican su cultivo hace más de 5 mil años, en la vertiente del Golfo de México.

     

    Seguramente el maíz es el producto agrícola más estudiado e investigado por científicos e investigadores de organismos nacionales e internacionales, dijo el senador Manuel Cota Jiménez, dirigente de la Confederación Nacional Campesina.

     

    El resultado de ello, añadió, es el hecho de que en México opera el más importante ‘Banco de Germoplasma’ en el mundo, con más de 27 mil colecciones de este grano de todas las zonas y regiones de todo el país, lo que confirma a México como “centro de origen del maíz”.

     

    Este banco está bajo el resguardo del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), que se ubica en el kilómetro 7.5 de la carretera México – Veracruz (en Texcoco). Es sostenido económicamente por más de 80 países, que son usuarios de los adelantos técnicos y científicos en torno del maíz y trigo.

     

    El maíz ocupa más de 7.5 millones de hectáreas en México, con una producción promedio anual de 22 millones de toneladas; en el 90 por ciento se trata de maíz blanco, propio para la elaboración de tortillas, tamales, atoles y cientos de derivados alimenticios e industriales.

     

    No es raro que haya variedades multicolores y que, de vez en cuando, surjan “re-descubrimientos” del ancestro del maíz, el ‘Teozintle perenne’, o el llamado ‘maíz – ajo’. Éste, consiste en una mazorca convencional, en la cual cada grano viene envuelto con una pequeña hoja, suave como el papel pergamino, muy parecido al ajo, de donde toma su nombre.

     

    El 70 por ciento de los productores del grano a nivel nacional, lo generan para autoconsumo. Esta es una de las razones por las que el grueso de campesinos de este segmento, no reciben los beneficios en subsidios gubernamentales que tienen los medianos y grandes agricultores que concurren en el mercado.

     

    Normalmente este potencial genético se reproduce para renovar razas y realizar cruzas con perfiles de resistencia a plagas y enfermedades y hacer pruebas de adaptabilidad a diversos climas y calidad de suelos, en la búsqueda de mayor productividad, calidad y sanidad.

     

    Por su parte, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) cuenta también con colecciones genéticas de maíz, las cuales permiten realizar proyectos de investigación sobre nuevas variedades tolerantes a plagas y enfermedades y con mayor productividad y calidad en todas las regiones ecológicas nacionales.

     

    Es de señalar que una gran cantidad de variedades de maíz nativas y criollas, cuyas características se conservan desde hace cientos de años, se encuentran en manos de los propios campesinos. Este material se reproduce cada año y es una de las razones por las que estos productores se oponen a utilizar materiales genéticamente modificados, en particular de los estados de Oaxaca, Veracruz, Puebla, México, Jalisco y Michoacán.

     

    Para respaldar la afirmación de México como país de origen del maíz, desde hace muchos años se encontró su ancestro, el ‘teozintle perenne’. Se trata de una especie parecida a la panoja del trigo o la cebada, con muy pocos granos pequeños que, en nuestros días, aún aparece silvestre en zonas de Xochimilco, Distrito Federal; Ciudad Guzmán, Jalisco, y en Tehuacán, Puebla. Su evolución se dio acompañada por los primitivos mexicanos, que la supieron cultivar y convertir al maíz, en la actualidad, en uno de los granos de mayor consumo en el mundo.

     

    Si bien el maíz es el principal grano alimenticio de la población mexicana, los rendimientos por hectárea en condiciones de temporal, son bajos. Alcanza un promedio nacional de 2.5 toneladas por unidad de superficie, en tanto que en riego alcanza rendimientos de entre 10 y 12 toneladas por hectárea.

     

    El principal estado productor de maíz en el ciclo invernal, es Sinaloa, en donde se siembra totalmente en condiciones de riego, con cosechas superiores a 4 millones de toneladas por ciclo, de acuerdo con datos de 2015.

     

    Se han registrado años excepcionales en esta entidad, con cosechas hasta de 5 millones de toneladas en un ciclo. Esto se atribuye a la nula presencia de heladas, granizadas, lluvia dentro del ciclo normal, pocas plagas y enfermedades y una temperatura y humedad residual en óptimas condiciones, pero, sobre todo, al trabajo del hombre del campo.