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Pederastia en Yucatán entre los expats por Eduardo Lliteras Sentíes

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Sería hora, precisamente, que un área del Escudo se ocupara concretamente de éste tipo de delitos y que en Yucatán existieran protocolos, por ejemplo, en los hoteles para afrontar la trata y los abusos de menores.

Es un secreto a voces. Un rumor a gritos. Bien conocido desde hace décadas por los “expats” (expatriados) estadounidenses en Mérida así como por meridanos y ciudadanos de otras nacionalidades que han escogido a la “Blanca Mérida” como lugar de residencia o de retiro. El problema, también es del conocimiento de autoridades locales, de todos los niveles, las que desde al menos los años 80s han preferido cerrar los ojos y voltear a ver a otro lado. Tampoco es un misterio para los representantes diplomáticos en Mérida de diversas nacionalidades y por supuesto de los Estados Unidos, los que han externado preocupación al respecto. Hablamos del espinoso pero real problema de la pederastia practicada por algunos personajes que han escogido Mérida y Yucatán como paraíso sexual, para realizar sus correrías y dar rienda suelta a sus perversiones y abusos en total impunidad. Extranjeros y turistas que practican el turismo sexual, depredando a jóvenes mayas, en muchos casos tan ignorantes como necesitados de todo lo material. Víctimas predilectas también de la hipocresía institucional, cómplice por su inacción. Estamos ante un tema del que nadie quiere hablar francamente pero del que se rumora, no tan sotto voce, como pareciera, ya que en conversaciones, escritos, “chats” y discusiones en redes sociales, los “expats” abiertamente hablan de los pederastas insertados en su comunidad. De sus repudiables abusos, de las redes que han tejido localmente hablando, y de las que hasta ahora el Escudo Yucatán no se ha ocupado. Sería hora, precisamente, que un área del Escudo se ocupara concretamente de éste tipo de delitos y que en Yucatán existieran protocolos, por ejemplo, en los hoteles para afrontar la trata y los abusos de menores.

No cabe duda de que la ciudad de Mérida, “se ha convertido en un centro de atracción para pedófilos de los Estados Unidos”. Así nos lo dice un ciudadano mexicano con doble nacionalidad, quien nos hizo llegar una denuncia realizada en Washington DC, ante el FBI (Federal Bureau of Investigation) y Scotland Yard de Inglaterra (en la embajada británica en Washington) por la presencia de pederastas en suelo yucateco, los que se dedican a promover el turismo sexual, según dijo a Infolliteras. De hecho, Mérida y Yucatán, son conocidos como una meca de turismo sexual desde hace años, aunque hace décadas son conocidas las fiestas salvajes de algunos estadounidenses establecidos en Yucatán, en las que no faltaban menores de edad. Tampoco era raro saber de extranjeros que buscaban aventuras sexuales en el interior del Estado sin problema alguno. Las denuncias y testimonios de ciudadanos estadounidenses y extranjeros asentados en Yucatán sobre esta materia son numerosos y hemos recopilado algunos, los que se suman a los tres asesinatos de estadounidenses a manos de menores de edad que se prostituían en Mérida en años recientes.

Infolliteras pudo obtener copia de la denuncia presentada ante el FBI, la que también fue realizada ante la sede de la Procuraduría General de la República (PGR) en Washington.

El denunciante nos dice que la hizo en los Estados Unidos por “la falta de respuesta de las autoridades yucatecas de todos los niveles ya que en Mérida hay temor a investigar por miedo a que afecte el turismo”.

En la denuncia se afirma que la red de pederastas en Yucatán cuenta con tres muertos, los que además han sido registrados en las crónicas rojas de los diarios locales.

De hecho, con éstos elementos, el FBI y Scotland Yard investigan las operaciones de los abusadores de menores extranjeros que operan en Mérida, nos comenta el denunciante.

En el testimonio entregado al FBI y a Scotland Yard se menciona precisamente que en los últimos años, dos pedófilos estadounidenses  -Sam Woodruff y Robert Leon Wickard - ambos de los Estados Unidos, estuvieron involucrados en relaciones sexuales con jóvenes menores de edad en Yucatán. Y ambos fueron asesinados en brutales circunstancias, registradas en los diarios locales.

El texto de la denuncia puntualiza que Woodruff fue asesinado a puñaladas por José Raymundo Xool, de 17 años de edad en ese entonces.

Asimismo, recuerda que el joven asesino comenzó a tener relaciones sexuales con Woodruff cuando el estadounidense tenía 59 años de edad y él, apenas 14 años de edad.

Por su parte, “Wickard fue asesinado por los socios mexicanos que participan en la red de adultos que cultiva relaciones sexuales con jóvenes mexicanos menores de edad”, afirma la denuncia.

Explica que Sam Woodruff, originario de Carolina del Norte, llegó a Mérida después de ser invitado por un ciudadano estadounidense (de quien nos reservamos el nombre) residente en Yucatán, quien por cierto ha sido investigado por el FBI y renunció a su nacionalidad estadounidense para evitar ser extraditado a los EEUU.

Señala “que Robert Leon Wickard, de Arizona, arribó a Mérida después de ser expulsado de Vietnam y Tailandia por turismo sexual con menores”. Y recuerda que otro pederasta, José Martínez Salazar, que dirigía una operación de “esclavos sexuales,” fue asesinado por un adolescente también en Mérida.

“Él contaba con tres jóvenes como esclavos sexuales que ponía a la disposición de los turistas sexuales extranjeros. Martínez Salazar tenía 65 años de edad cuando fue asesinado por un joven. Su casa, ubicada en la Avenida Colón entre la Calle 60 y la Calle 62, fue demolida por el ayuntamiento de la ciudad. La casa estaba a una cuadra de cuatro hoteles principales en Mérida: Intercontinental, Fiesta Americana, Hyatt, y Holiday Inn”.

El denunciante, de quien nos reservamos el nombre, asegura que también narró al FBI y Scotland Yard que “la red de pedófilos en Mérida sigue creciendo.  Y que las autoridades yucatecas se niegan a proteger a los menores temiendo que la imagen de la ciudad resulte perjudicada”.

Acusa en el texto de la denuncia que “este crecimiento se acelera debido a que uno de los pederastas más activos, es un agente de bienes raíces. Él activamente busca otros pedófilos para que compren propiedades en Mérida y hagan de las suyas”.

Acusa a las autoridades yucatecas de negarse a investigar los delitos sexuales contra los menores de edad, lo que a su vez ha impulsado el crecimiento de la comunidad de pederastas.

Afirma que tres hombres están a la vanguardia de estos crímenes en Yucatán y que se trata de un estadunidense y dos británicos.

Es hora que las autoridades intervengan y protejan a los jóvenes mexicanos. Tres pedófilos han sido asesinados y un número indeterminado de jóvenes siguen siendo explotados, nos dice.

Cabe señalar que también hay denuncias de presunto tráfico de menores a los EEUU e inclusive de tráfico de órganos, extremos que hasta ahora no han podido ser comprobados, pero sobre los que valdría investigar más.

Cabe citar a la escritora Beryl Gorbman, quien residió en Mérida por muchos años, en tiempos en que la ciudad era apenas conocida por algunos estadounidenses y extranjeros que habían venido a Yucatán buscando sentido a sus vidas, retirarse o dar rienda suelta a sus instintos.

Dice Beryl Gorbman que “cuando los norteamericanos llegaron a México (y esto es cierto hoy en día con los turistas, por lo menos), sentían que era un lugar donde podían soltarse y hacer todas las cosas escandalosas que nunca podrían hacer en casa. Trataban a Mérida como una cloaca. Tenían una fantasía de que México apoyaba comportamientos desagradables, groseros e ilegales, cuando de hecho, todo lo contrario era (y es) cierto. Teníamos un flujo constante de fugitivos estadounidenses aquí, y ocasionalmente el FBI tranquilamente se llevaba a uno u otro de ellos y nunca volvíamos a verlos”.

Beryl Gorbman también recuerda que “la primera población masculina extranjera gay, que era sustancial, era conocida por fiestas salvajes, algunas de las cuales incluían la presencia de niños prepúberes. Algunos de los muchachos eran \\\\\\\"prestados\\\\\\\" de los orfanatos locales”.

La escritora, quien tras éstas denuncias (publicadas en Infolliteras.com) se marchó de Yucatán, nos dijo que en una ocasión, hace años en Mérida, “en una fiesta dada por un hombre americano en su casa, un doctor que había perdido su licencia, miré alrededor de la habitación que estaba llena de gente, y entre esta, observé a una docena de muchachos mayas muy tranquilos, de unos ocho años”.

“Me preguntaba qué diablos estaban haciendo en una fiesta para adultos, cuando de repente lo entendí”.

La afición por los menores no es cuestión únicamente de algunos hombres pederastas extranjeros, sino también de mujeres de otras nacionalidades, como narra Beryl Gorbman: “algunas de las mujeres gringas no podían mantener sus ojos (o manos) fuera de esos queridos chicos y chicos de ojos oscuros que los trataban como hermosas diosas. El alcohol era barato. Había fiestas constantes”.

Beryl Gorbman afirma que “tristemente la década de 1990 también trajo arreglos más organizados para la pedofilia. Internet trajo a muchos viajeros aquí, respondiendo a las solicitudes directas y anuncios como \\\\\\\"Rent-A-Boy\\\\\\\" en los sitios web de Mérida”

Precisamente sobre estos anuncios y la red de pederastas, el periodista estadounidense Edward V. Byrne, quien estuvo avecindado en Guadalajara, México, decía en un artículo publicado en 2012 en su blog  mexicogulfreporter.blogspot.mx que desde hace tiempo la capital yucateca era conocida por ser “un paraíso para los gays de Canadá y Estados Unidos”. Sin embargo, advertía que Mérida se había convertido en un lugar más violento para los miembros de la comunidad homosexual, precisamente a raíz de los abusos cometidos por algunos pederastas delincuentes que han escogido a Mérida como su nido para cometer todo tipo de abusos.

Y explicaba que las agresiones tenían lugar frecuentemente durante relaciones pagadas con jovencitos que se prostituían en Mérida.

Decía que en el área metropolitana de Mérida abundaba en tales “sirvientes sexuales”, como les llaman en la Ciudad Blanca, a “los que se venden una hora o dos de compañía por un puñado de pesos”.

Edward V. Byrne, en su blog publicado en inglés, afirmaba que “algunos sostienen que la creciente popularidad de Mérida con los expatriados (expats) se debe en parte a su reputación como un destino gay-friendly. Otros, sin embargo, alegan que los pederastas extranjeros –muy distinto a la comunidad gay- “se sienten atraídos hacia el área por el constante suministro de hombres mexicanos baratos a menudo mucho más jóvenes y dispuestos a encuentros entre personas del mismo sexo, con frecuencia porque no tienen otro medio de ganarse la vida”.

Explicaba que esto se debe a que “el desempleo es alto en este estado aún muy rural, donde las estadísticas del gobierno muestran que el 48% de la población subsiste en la pobreza más extrema”.

Y concluía: “el brutal asesinato del ciudadano estadounidense Leo Wicard es probable que renueve el debate: ¿los extranjeros, muchos de los cuales viven como la realeza comparados con los ciudadanos locales, explotan a la juventud mexicana vulnerable?”.

Buena pregunta, que hay que responder.

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