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República de las Bananas

Vídeo Holbox, el colapso, la destrucción y el abandono de una isla, de un país por Eduardo Lliteras Sentíes

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Otro agresivo estadounidense, pasa a toda velocidad en una cuatrimoto de una rentadora local amenazando con atropellar a los locales. El joven, al parecer, se siente en Irak o Afganistán

Holbox.- Un grupo de jóvenes turistas yankis gritan en inglés, eufóricos “its party!” mientras beben, brincan y “cantan” a gritos en un karaoke que algunas voces dicen pertenece al ex alcalde de Holbox, José Manuel Pérez Moguel. El escándalo desborda el local y retumba en la calle de arena compactada por el paso incesante de carritos de golf habilitados como taxis o transporte privado y de lujosas cuatrimotos sin placas que invaden todas las playas que son zonas de anidación de tortugas marinas y hábitats de numerosas especies marinas y terrestres.

Otro agresivo estadounidense, pasa a toda velocidad en una cuatrimoto de una rentadora local amenazando con atropellar a los locales. El joven, al parecer, se siente en Irak o Afganistán, o quizá es uno de los émulos de Donald Trump que vino a México por aquello que dicen los gringos: “in Mexico, cheap beer and women”. Y claro, “build the Wall!”.

En la playa de la supuesta área de protección de flora y fauna de Yum Balam (Señor Jaguar en maya) retumba el ruido de una rola de Pink Floyd a lo largo de varios kilómetros. El estruendo de una banda aguardentosa que ameniza un comedero y una playa “concesionada” por Zofemat, ahuyenta a las aves e inunda lo que muchos decían era un “paraíso” que ahora está de moda entre muchos yucatecos y extranjeros que de forma multitudinaria están saturando Holbox a lo largo del año con basura y aguas negras. El turismo masivo y la falta de amor de muchos habitantes de Holbox que ven a “su isla” como la gallina de los huevos de oro, han convertido el otrora “paraíso” en un nuevo desastre ecológico y social en la costa de Quintana Roo en proceso de convertirse en un infierno.

Grupos de franceses, españoles, belgas, estadounidenses caminan por el centro del pueblo. Buscan donde comer o beber. En Holbox han proliferado los bares y hoteles (ya se cuentan al menos 80 sumando los que rentan cuartos), muchos sin permisos o autorizados desde Kantunilkín sin tomar en cuenta la falta de infraestructura de la isla, el ruido o el destino de toneladas de basura que medio recoge un viejo camión que circula escurriendo lixiviados hediondos por las calles por donde caminan descalzos los turistas, que no tienen ni idea de los riesgos de salud que están corriendo. Esto, por no hablar de la planta de tratamiento de aguas negras que no funciona desde hace dos años por lo menos y que vierte toda la mierda en los manglares.

Pero Holbox está de moda. El “paraíso” de los Tiburones ballena, es la nueva meca de muchos jóvenes pero también de maduras parejas extranjeras que han llevado los precios de las habitaciones de los voraces hoteleros locales a niveles abusivos. Los precios de hoteles y restaurantes se encuentran fuera de control: desde 800, 1300, 3000 o 5000 mil en el centro hasta 30000 por tres noches en la exclusiva zona de playas. Profeco, obviamente, no visita la isla, mucho menos Salud estatal o federal, para supervisar la calidad de los alimentos o de los alojamientos. Estamos en un país sin ley, sujeto a la depredación y la voracidad, que no se tiene respeto por sí mismo y que ofrece una penosa imagen a quienes nos visitan.

Emilio Jiménez Ancona, un hombre de cabellos rubios de tonos sospechosos, y que llegó al gobierno gracias a la fórmula Verde, PRI y Panal, lo dejó muy claro desde el primer día. Él ve a Holbox como la mina de oro que enriquecerá al municipio de Lázaro Cárdenas, o quizá más bien a él mismo y a su grupo de amigos y familiares de Holbox, ya que es originario precisamente de la isla.

Durante su toma de protesta ante las barbas del mismo nuevo gobernador, Carlos Joaquín, dijo no solamente que Holbox va a elevar el nivel de vida de todos los habitantes del municipio de Lázaro Cárdenas, Quintana Roo, sino que le exigió directamente al flamante ejecutivo de Quintana Roo, de forma grosera, que asumiera el proyecto turístico que un grupo de poderosos empresarios yucatecos han intentado imponer, operando de forma sucia con todo tipo de artimañas, desde hace unos 10 años, en la llamada Isla Grande, donde aún habitan especies en peligro de extinción.

Niños de cabelleras rubias corren por la playa, curvilíneas y tostadas jovencitas europeas cantan o se broncean en la playa. Plásticos, vidrios, latas y botellas yacen arrojados en el muelle. Son los restos de la pachanga de una disco que retumba toda la madrugada con música tecno en la misma playa donde se reúnen muchos adolescentes de Holbox que llegan a toda velocidad en sus cuatrimotos y carritos. Sin nada que hacer, con qué nutrir sus mentes que no sea el consumismo, las drogas o el alcohol –en Holbox no hay ni siquiera una biblioteca y a duras penas una cancha de baloncesto- los jóvenes queman su tiempo de la peor manera y sin rumbo.

Una montaña de basura se acumula en la playa junto a una palapa que lugareños utilizan, sin importarles recoger los desechos, en plena temporada navideña, con la isla saturada de visitantes de todo el mundo y el país. La realidad es que la basura se acumula por doquier en Holbox, aventada lo mismo en terrenos baldíos que en calles, ya que además el terreno donde se depositan toneladas y toneladas de todo tipo de desechos, está saturado, desbordado por el total abandono y la corrupción de quienes gobernaron Quintana Roo durante la era de Roberto Borge. Los lixiviados se van directo a los manglares donde crecen y se alimentan los peces y mariscos que luego comen los turistas y los habitantes del “paraíso”, de Holbox. Iguanas y aves buscan entre la basura algo que comer. Los plásticos vuelan, el lugar apesta. Y claro, no hay autoridad, es inexistente, ya que las oficinas de la Semarnat y de la Conanp fueron “clausuradas” y tapiadas por un grupo de ejidatarios que rechazan su presencia en noviembre de 2016, azuzados, engañados por los mismos empresarios que señalan a Yum Balam como opresora y el principal obstáculo para poder llevar a cabo sus planes desarrollistas en la isla.

Con pancartas que dicen, “este predio está clausurado por daños a la población” y “Yumbalan (sic) y Profepa no les queremos en la isla, fuera”, están clausuradas las oficinas desde fines de 2016. No hay guardabosques, no hay quien vigile las playas de la isla, aunque en ocasiones aparecen marinos con relucientes metralletas a bordo de embarcaciones nuevas que imponen respeto, sino es que miedo.

La realidad es que la isla, un pequeño paraíso y de reducto de naturaleza hasta hace poco, se encuentra bajo serio peligro y riesgo. El Consejo de Desarrollo Holbox A.C es la última esperanza, así como el nuevo alcalde recién electo, quien asegura está comprometido con salvar a Holbox del colapso en el que se encuentra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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