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República de las Bananas

Hora de hablar alto y claro al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

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Parece se tratara de un armisticio y no, de una negociación entre dos naciones amigas, socios y aliados

Es hora de hablar alto y claro al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. México, sus “líderes”, su pueblo, no nos podemos seguir quedando callados ante las acusaciones reiteradas, ahora ya como presidente de la nación más poderosa del mundo, de ser los culpables del empobrecimiento de los estadounidenses o de la pérdida de trabajos en la nación vecina. De habernos enriquecido a sus costillas, de ser una amenaza ante la cual hay que erigir un muro lo más alto posible al estilo medieval o un baluarte para encerrar a los indeseables judios.

Tampoco es aceptable que diga que la única manera de no acabar con el Tratado de Libre Comercio -y por lo tanto, de devastar la economía mexicana- sea acatar todas y cada una de sus imposiciones y condiciones, como si se tratara de un armisticio y no, de una negociación entre dos naciones “amigas”, socios y aliados.

Durante su primer discurso, tras jurar sobre dos biblias, el multimillonario fue enfático en su visión aislacionista de los Estados Unidos  insistiendo en que hay que proteger sus fronteras de los estragos de otros países (léase México), nación a sus ojos claramente paria y sumida en un desastre sin remedio de la que hay que separarse lo más que se pueda edificando un muro y cancelando inversiones.

A México y a los mexicanos se nos acusa de robar, literalmente, trabajos, empresas y de vivir gracias al menoscabo de la prosperidad estadounidense, lo que es totalmente falso, e insostenible desde cualquier punto de vista.

Es hora de que México diga claramente que no ha sido así, y que busque la protección de organismos internacionales y naciones amigas para defenderse ante el poderoso vecino que pareciera haber retornado a la era de James K. Polk.

No cabe duda, hay que reconocerlo, ya lo hemos dicho, que los gobiernos mexicanos y el sector empresarial del país tienen una enorme responsabilidad en la extrema vulnerabilidad en que se encuentra México, debido a su claudicación nacionalista, a su traición de los intereses nacionales y a la extrema corrupción. Los gobernantes mexicanos le apostaron a sobrevivir bajo el paraguas del Tío Sam, a entregar el país, y así obtener la patente de corso para saquear y aplastar a los mexicanos.

Ahora, llegó un presidente estadounidense que les da un portazo en las narices y que exigirá condiciones inaceptables para el país, sumido en una crisis histórica y balaceándose al borde del abismo.

Bien señala el diario español El País, que los demás países también deberán fijar con toda claridad cuáles son las líneas rojas que no piensan dejar sobrepasar a Trump. México, no puede ni debe hacer menos.

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