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República de las Bananas

Sucesión en Yucatán, sobre rieles bien aceitados por Eduardo Lliteras Sentíes

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Por lo pronto, el PRI yucateco observa con relativa serenidad la inevitable derrota a nivel federal del partido, ante el descrédito total de la administración peñista, sostenida únicamente por las bayonetas

Al gobernador Rolando Zapata Bello no le corre prisa por designar sucesor. Y no le corre prisa porque simplemente ha ido preparando el terreno como buen estratega para que la sucesión no tenga sorpresas. Parte de los últimos ajustes tienen que ver no únicamente con el relevo en el PRI estatal, sino con las guerras intestinas en la llamada “oposición”. Me refiero, principalmente, al PAN y al PRD.

En efecto. La “oposición” política en Yucatán, luce fragmentada, dividida, confrontada, en un auténtico festín caníbal que deja el campo libre para que el Partido Revolucionario Institucional vuelva a imponerse sin mayores problemas en las elecciones de 2018 no sólo a nivel estatal, sino municipal, en una coyuntura histórica que de tener a una oposición unida, bien podría ser aprovechada para arrebatarle al Tricolor nuevas posiciones en el estado.

Pero no es, ni será así, previsiblemente ya que con una oposición dividida, enfrentada, estratégicamente, no importa quién sea el candidato o candidata a suceder a Rolando Zapata Bello. Eso es lo de menos. Al tren (¿completo?) del PRI le alcanzará la fuerza para llegar a la siguiente estación sexenal sin sobresaltos gracias a sus aceitados rieles y maquinaria, los abundantes recursos acumulados en los últimos años y a la operación quirúrgica para separar y confrontar al PAN y el PRD internamente.

De tal manera, puede ser Víctor Caballero o Jorge Carlos Ramírez Marín, quizá Celia Rivas, pero esto es lo de menos: el escenario para el triunfo del PRI está listo con la defenestración (muy probable y pactada a nivel federal) de Raúl Paz Alonso. Y la noche de los cuchillos largos llevada a cabo en el PRD.

Por lo pronto, el PRI yucateco observa con relativa serenidad la inevitable derrota a nivel federal del partido, ante el descrédito total de la administración peñista, sostenida únicamente por las bayonetas. Esa relativa serenidad se origina en la convicción de que Yucatán se mantendrá en sus manos. Precisamente.

Es así que la operación divide et impera, rinde frutos, no sólo localmente hablando sino a nivel federal: Nueva Izquierda opera para que no se dé la alianza entre el PRD y Morena en el afán por evitar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en el 2018 por órdenes de Salinas y la oligarquía aliada de Washington.

La estrategia rolandista también tiene en la mira a los ayuntamientos en manos de la oposición: Valladolid, Progreso y Umán.

Mérida, se cuece aparte, pero también está bajo el asedio liderado por el mismo gobernador, “el primer priista yucateco” y sus aliados: Ramírez Marín y Pablo Gamboa, los que mueven sus fichas entre la remodelación de la avenida Colón y el nuevo parque lineal en Mérida.

El resultado es sabido por todos: El PRD se desbarata desde adentro. Dos grupos se atacan en lo que ya es una guerra abierta, sin tregua y sin posibilidad de reconciliación. De un lado, el diputado local David Barrera –quien ya fue presidente de dicho instituto político- y el regidor perredista por Mérida, Tonatiuh Villanueva Caltempa. Estos últimos han logrado aglutinar a los liderazgos de las diversas tribus (corrientes, les llaman) sumando precisamente al diputado federal yucateco, Eric Villanueva Mukul, líder nacional de la corriente Nueva Izquierda. Su intención es que el PRD vaya en alianza, no sólo a nivel local sino nacional, con el PAN. Es decir, con Margarita Zavala y Mauricio Vila.

Por su parte, Alejandro Cuevas, presidente actual del PRD en Yucatán, pretende, según dice, una alianza con Morena mientras muestra el crecimiento de los afilados al partido como saldo a su favor. Cuevas, claro está, rechaza que los nuevos afiliados sean infiltrados pagados por el PRI y por Sergio Vadillo, máximo operador desde Palacio a través de recursos y reconvenciones. Por su parte el PAN también se desbarata en un motín a bordo de la nave blanquiazul. Por un lado, el ex gobernador Patricio Patrón Laviada, lidera el asalto con sabor a vendetta familiar seguido de Carlos Hugo Laviada Molina y Alfredo Rodríguez y Pacheco. Se la tienen cantada a Raúl Paz (por aquello de Cecilia), mientras desde la Capital de la República, el flamante miembro “distinguido del Consejo Editorial” del diario Reforma, Renán Barrera, palomea las notas publicadas por dicho periódico anticipando la disolución del Comité Estatal del PAN por el tema de los moches.

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