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República de las Bananas

La prueba del ácido por Eduardo Lliteras Sentíes

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El detective de marras escucha y anota, no dice palabra, mientras mira de reojo los manchones blancuzcos en el pavimento que acaba el Ayuntamiento de Mérida de colocar y que son evidencia innegable de que estamos en año electoral.

Nos dicen que un detective recorre las calles y avenidas de Mérida aplicando la prueba del ácido. Envuelto en su capote, de noche, pipa en la boca y bombín calado hasta las cejas, acecha las nuevas avenidas recién pavimentadas por el Ayuntamiento de Mérida. Toma muestras, en potes, y realiza análisis in situ, acompañado de un asistente elegantemente ataviado de levita y que carga un grueso maletín repleto de frascos, pipetas, matraces y algún microscopio.

El detective de marras, con lupa, pluma y cuadernillo, sigue el rastro y anota los escurrimientos, los goterones y salpicadas cuyos cálculos y registros apuntan a la ex Casa del Pueblo, dicen unos.

No en balde, señalan al detective, coinciden las manchas incriminatorias y una nueva dirigencia partidista que no cesa de amenazar con reconquistar los municipios en manos de la oposición, cueste lo que cueste. Otros, por su parte, recuerdan el ataque a las Torres Gemelas y las teorías, del autoatentado, la pista del autogolpe (como el del turco Erdogan), para señalar a la casa blanquiazul de la 58 como origen supuesto de los ataques contra las vías de comunicación.

El detective de marras escucha y anota, no dice palabra, mientras mira de reojo los manchones blancuzcos en el pavimento que acaba el Ayuntamiento de Mérida de colocar y que son evidencia innegable de que estamos en año electoral.

-Esto preanuncia un juego político muy sucio, quizá hasta con muertos-, advierte el detective, como ya sucedió en elecciones recientes en Yucatán, cabe recordar.

Lo cierto, el hecho innegable, concreto y tangible, dice el detective, es que las flamantes calles apenas pavimentadas, han sido afectadas en al menos unas 50 zonas. –Hasta ahora-.

Demasiado es demasiado, señala el detective, que pide tener acceso a las cámaras instaladas por toda la ciudad por la Secretaría de Seguridad –incluidas ahora las cámaras de las tiendas Oxxo y de otras empresas- para seguridad de sus habitantes, según nos dicen.

No cabe duda de que quienes han llevado a cabo una operación de tal envergadura habrán dejado rastros, no sólo de ácido, sino de placas, vehículos, movimientos fácilmente rastreables, incluyendo la sospechosa compra de ingentes cantidades de la sustancia culpable de dañar con objetivos políticos lo que se ha construido con recursos públicos, con dinero del pueblo meridano, nos dice el detective.

La cooperación, entre diversos niveles de gobierno, aquí debería de verse, de mostrarse, puntualiza. La seguridad, no puede ser un mero anuncio o spot con fines de propaganda de quienes aspiran a suceder a Rolando Zapata en Palacio de Gobierno, insiste el detective. Seguridad, señala, implica que una mujer y sus familiares, que han denunciado durante años amenazas y agresiones, no pueda, no puedan morir a puñaladas en una calle de Mérida frente a sus hijos de forma brutal. O que ignotos, de forma impune, dolosa, destruyan la obra pública, y se vayan tan tranquilos. Incluidos los mandantes, las mentes criminales que ordenaron tales delitos.

Por lo pronto, el coro, unánime, de cámaras empresariales y de otros sectores de la sociedad civil es que se detenga a los culpables y a quienes les ordenaron realizar tales actos de sabotaje contra la infraestructura de la ciudad. Alguien pide una comisión independiente. Lo cierto, es que Mérida necesita del detective de marras, para dar con los culpables de los daños a la ciudad, mientras la CMIC asegura que los constructores que han repavimentado los tramos ordenados por el Ayuntamiento de Mérida, dan garantía de los trabajos.

Hay que investigar, dice el detective, que mide, fotografía y realiza moldes de las huellas halladas en el chapopote batido mientras realiza la prueba del ácido. ¿La pasarán los de la ex Casa del Pueblo y de la 58?

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