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Violencia en México, con rostro nuevo, cruel y despiadado, rayando en lo demencial: CEM

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.Los obispos de México proponen un plan transversal para lograr la paz en el país, según dicen. El documento firmado por el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos es el resultado del Encuentro de vicarios pastorales.

Redacción.- En nuestro país, aún si la violencia ha sido como un mal endémico y omnipresente desde el inicio de nuestra historia nacional, fue, sin embargo, durante los últimos siete años que adquirió un rostro nuevo, cruel y despiadado, rayando en lo demencial. Caímos, ante tal circunstancia, en una parálisis, individual, comunitaria e institucional. Las cifras de los muertos son los titulares de los medios de comunicación tradicionales y los hechos de violencia son tendencia en las contemporáneas redes sociales, señalan los obispos de México en la presentación de un Proyecto de Construcción de la Paz en el país como eje transversal, como resultado del Encuentro de vicarios pastorales, que se realizó el 17 de mayo.Los obispos de México proponen un plan transversal para lograr la paz en el país, según dicen. El documento firmado por el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos es el resultado del Encuentro de vicarios pastorales.

En el documento se señala que es de todos conocida la necesidad y urgencia de proyectos comprometidos en la construcción de la paz; por ello quiero con esperanza, compartirles mi experiencia en la detonación de un proceso, que espero sea cada vez más amplio, de un proyecto pastoral de construcción de paz como eje transversal en un Plan de Pastoral Diocesano. Es un camino surgido a partir de los “signos de los tiempos” (Cfr. Mt 16, 3).


El documento afirma que la violencia en nuestro país está alcanzando niveles inimaginables y la sociedad, en general, se encuentra como en un marasmo anímico y una parálisis moral, desconcertada y desorientada, por lo inédito de la situación. Sin embargo, para quienes somos hombres y mujeres de fe, sabemos que aun cuando nos vemos sumergidos en la oscuridad del dolor, para nosotros siempre brilla la luz pascual del Señor que disipa las tinieblas del sufrimiento humano y da sentido al mismo, indicando el camino hacia la resurrección.

Hoy más que nunca, añade el documento de la Conferencia Episcopal Mexicana, necesitamos en nuestras diócesis, a partir del Plan Global de Pastoral que se está generando y que ya está impulsando a los Obispos, un plan de evangelización con el eje transversal de construir la paz, que atienda a las víctimas como los primeros que tienen que recibir acompañamiento, consuelo, fortaleza y esperanza y proporcione una manera práctica para vivir el perdón y la reconciliación, ofrecido a través de centros de escucha a víctimas de la violencia, centros de jóvenes por la paz, programas de atención a mujeres víctimas de la violencia, sembradores de paz con los niños y adolescentes de las catequesis, hombres nuevos, familias fuertes, y sin golpes a través de la pastoral familiar, además de la formación permanente de los sacerdotes para ser constructores de paz: capaces de consolar, capaces de dar esperanza, capaces de acompañar a las personas en medio de la violencia y las injusticias, entre muchas otras acciones.

Insiste en que hoy también nos encontramos, todavía, en una vorágine de violencia y de barbarie, de deshumanización y de negación del otro, donde la muerte campea y se enseñorea de nuestras calles y poblaciones; paradójicamente, la muerte ahora es “negada”, no con las sutiles argucias del idealismo, sino desde las coordenadas del presentista y cínico nihilismo de la posmodernidad. En él la muerte se banaliza; pues, sólo acontece, ocurre; en efecto, “se” muere, de modo casi anónimo, en masa, sin mayor sentido ni razón. La muerte pierde su densidad, su seriedad, su importancia. Nos acostumbramos a escuchar y saber que “se” muere; perdemos, así mismo, el asombro de saber que “se” mata. Sin embargo, el espíritu humano y, sobre todo, si éste se deja impulsar por el espíritu divino, se levanta una vez más de esta fétida trinchera e inicia su vuelo, primero tímido después impetuoso; comienza imaginando un mundo distinto y posible, una realidad menos cruel y más humana, una relación de la alteridad no de negación sino de aceptación, compresión, inclusión y colaboración.

La Iglesia en México, dicen el documento, a través de sus ministros y de sus comunidades, ha estado cerca de las víctimas, directas e indirectas, de la violencia y mediante la presencia, la escucha, la solidaridad y la invitación a la esperanza ha contribuido, de alguna forma, a poner un dique a la violencia, con su ola de muerte y destrucción. La reflexión de este trabajo ha dado lugar a la Exhortación Pastoral a la que ya me he referido.

Esta Dimensión es un organismo que forma parte de la Comisión de Pastoral Social Diocesana y que surge como respuesta de la iglesia local ante la grave situación de violencia e inseguridad que se vive. Tiene la tarea de hacer propuestas concretas y presentar un programa de intervención basado en tres ejes fundamentales:


1) Un proyecto de construcción de paz en las parroquias, teniendo como referente la Exhortación Pastoral “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna”. El objetivo de este proyecto es: “Animar a las parroquias a sumarse a las tareas de la construcción de la paz, ofreciéndoles herramientas y subsidios para organizar acciones que se traduzcan en un cambio social”. Este proyecto debe justificarse con razones sociológicas, teológicas y pastorales. Y así, cada comunidad parroquial tomará conciencia de que no se puede entender una evangelización que no tenga como uno de sus componentes fundamentales el tema de la paz; que es urgente que nuestros procesos pastorales parroquiales asuman con generosidad y responsabilidad el tema de la construcción de la paz. Necesitamos crear en cada parroquia una comisión que anime e impulse el tema de la paz, haciendo énfasis en la transversalidad del tema, es decir, es un asunto de todos, desde los niños, pasando por los jóvenes y por supuesto los adultos. Para ello cada comunidad habrá de buscar los mejores caminos, con creatividad y empeño.


2) Una Jornada Diocesana por la Paz, que consiste en una actividad anual o periódica comunitaria y multitudinaria que busca posicionar el tema de la construcción de la paz en las agendas eclesiales y civiles. El objetivo de este proyecto es: “Celebrar una jornada por la paz que incluya tiempos para la reflexión, para la manifestación pública y para la celebración, dando un lugar especial a las víctimas de la violencia, para promover la conciencia y el compromiso de la construcción de la paz en la iglesia y en la sociedad”. Esta acción hay que justificarla sociológica, teológica y pastoralmente. Quisiera detenerme y presentar, brevemente, éstas dos últimas:


a) Razón Teológica: Jesús rechazó la violencia como forma de sociabilidad y lo mismo pide a sus discípulos al invitarlos a aprender de su humildad y mansedumbre (Cfr. Mt.11, 29). Para romper la espiral de la violencia, recomienda poner la mejilla (Cfr. Mt 5, 39), perdonar siempre (Cfr. Mt 18, 22) y, amar a los enemigos (Cfr. Lc 6, 35), Paradoja incomprensible para quienes no conocen a Dios y/o no lo aceptan en sus vidas. La motivación evangélica que justifica esta recomendación es clara; imitar a Dios (Cfr. Mt 5, 45); el amor a los enemigos hace al ser humano semejante a Dios y en este sentido, lo eleva, no lo rebaja. Así, el discípulo se incorpora en la corriente perfecta del amor divino para salir de sí mismo y construir una humanidad solidaria y fraterna. El discípulo de Jesús debe amar gratuitamente y sin interés, como ama a dios, con un amor por encima de todo cálculo y reciprocidad (Cfr. CNP, 133)


b) Razón Pastoral: Los cristianos, en un contexto de inseguridad como el que vivimos en México, tenemos la tarea de ser “constructores de la paz” en los lugares donde vivimos y trabajamos. Esto implica distintas tareas: “vigilar” que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia y ofrecer el servicio de “ser testigos”, en la convivencia humana, del respeto al orden establecido por Dios, que es condición para que se establezca, en la tierra, la paz, “suprema aspiración de la humanidad”. En esta tarea, nuestro mejor servicio siempre será la formación de la conciencia, que nos permita desenmascarar las intrigas del mal, pues “la violencia nace en el corazón del hombre” (Cfr. CNP, 177).


3) Un programa específico para acompañar integralmente a las víctimas de la violencia, proyecto que debe desarrollarse con una colaboración interinstitucional: Iglesia, Estado, sociedad, empresas, universidades, asociaciones civiles, etcétera.

El objetivo del proyecto de víctimas es: “Ofrecer apoyo profesional multidisciplinario a las personas víctimas de la violencia en sus diferentes formas (muertes, desapariciones, secuestros, intrafamiliar) para facilitarles un proceso de recuperación y sanación psicológica y espiritual y estén en condiciones de responsabilizarse de su vida superando toda forma de victimización”.


Los sucesos actuales provocados por la delincuencia organizada en nuestras poblaciones, llámese nuestro contexto social en el cual se desarrolla nuestra vida diaria, está afectando emocionalmente a la población en general sin distinción alguna de edad, sexo o condición económica.


Las víctimas de la violencia sufren, además de lesiones físicas, un fuerte impacto emocional que puede provocar trastornos psíquicos. A ello se añaden vivencias que afectan su moral y dignidad –como las de la investigación y el proceso judicial–, cambios socio-laborales y reacciones del entorno que influyen de múltiples formas en la evolución de las víctimas y de sus familiares. Sobre este grave problema se suelen difundir más suposiciones, tópicos y prejuicios que datos consistentes e investigaciones rigurosas.


Este proyecto debe tener como finalidad proporcionar una intervención de apoyo y ayuda multidisciplinaria desde psiquiátrica, psicológica, tanatológica, espiritual y médica necesarias para las personas que han sido víctimas y/o sus familiares que han sufrido secuestro, ejecución, desaparición, "levantón", extorsión, etc., en su proceso de recuperación emocional y que siguen inmersas en un dolor convertido en sufrimiento.


Es necesario ofrecerles a estas personas la oportunidad de encontrar nuevamente el rumbo en su vida, producir un cambio es fundamental pues estas personas están atoradas en los sentimientos de impotencia, enojo, frustración y tristeza.


Sumando además el sentimiento de inseguridad, el miedo de salir de casa, pero sobre todo el terror de recordar o vivir nuevamente el episodio traumático. Afectando el desarrollo de sus actividades diarias y elevando su nivel de estrés.


Por otra parte, añade el documento en poder de Infolliteras.com, la muerte de un ser querido es un duro trance ante el que no existe una reacción uniforme. Hay quien actúa como si nada hubiera pasado y hay quien se instala durante mucho tiempo en una fase aguda de depresión y otras patologías, por lo que es fundamental ofrecerles un espacio de diálogo y aprendizaje, así como la intervención necesaria para que puedan elaborar su duelo cuando no sepan a quién recurrir.

“En efecto, la violencia en nuestro país está alcanzando niveles inimaginables y la sociedad, en general, se encuentra como en un marasmo anímico y una parálisis moral, desconcertada y desorientada, por lo inédito de la situación”, indica el documento firmado por el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos.

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