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Petróleo en Yucatán o el fin del Arrecife Alacranes por Eduardo Lliteras Sentíes

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¿Qué nos dice la física? McKibben informó que tenemos que mantener bajo tierra el 80 por ciento de las reservas de combustibles fósiles que conocemos, para frenar el cambio climático

La reforma energética de Enrique Peña Nieto y sus cuates extranjeros y nacionales pretende perforar en el arrecife Alacranes de Yucatán pozos exploratorios para corroborar la existencia de petróleo y gas, el que dicen se encuentra en grandes cantidades en esa zona de la costa yucateca. Las aguas que rodean a Alacranes, son cristalinas, repletas de vida, de arrecifes de color turquesa. Como las de Cancún. Y es allí donde quieren sacar petróleo a borbotones en lugar de seguir el creciente compromiso mundial de dejar bajo tierra al oro negro como parte de la lucha al cambio climático. 

Bill McKibben, fundador de 350.org, escribió que respecto al cambio climático, el problema esencial no es la "industria versus los ecologistas o los republicanos contra los demócratas. Es la gente en contra de la física". Por esa razón, los compromisos y compensaciones típicas que se ofrecen en la mayoría de los debates sobre políticas públicas no van a funcionar porque "es inútil hacer lobby con la física". ¿Qué nos dice la física? McKibben informó que "tenemos que mantener bajo tierra el 80 por ciento de las reservas de combustibles fósiles que conocemos", con el objetivo de conservar el movimiento “Mantenerlo en el Suelo” (Keep It in the Ground), que comenzó hace cinco años.

Sin embargo, la llamada Ronda 2.4 de la Comisión Nacional de Hidrocarburos incluyó inesperadamente el Área 30 en la Plataforma de Yucatán. Y será licitada al final de enero de 2018, asegura El Financiero en un artículo en el que reconoce que se trata de un Parque Nacional repleto de vida –aunque saqueado por las mafias que depredan de forma furtiva el pepino de mar y otras especies como el caracol marino-.

Y como dice el iluminado Jonathan Ruiz en el diario El Financiero en una columna llamada “El vecino del posible megayacimiento de Yucatán” , “hay una buena noticia para esas islas yucatecas que forman parte del Arrecife Alacranes. Es un área natural protegida por una salvaguarda firmada por el presidente Enrique Peña Nieto el año pasado, en diciembre”.

Es decir, las trasnacionales extranjeras no pueden perforar allí, o no podrían, ya se sabe que en México las leyes están para ser violadas por quienes gobiernan: “Artículo Segundo. Se prohíben las actividades de exploración y extracción de hidrocarburos en la zona de salvaguarda denominada 'Plataforma de Yucatán y Caribe Mexicano'”. Eso dice tal cual el decreto del 7 de diciembre firmado con bombos y platillos.

Claro, para poder doblegar la resistencia de la población yucateca, Jonathan Ruíz recurre al timo de la estampita o al anzuelo con la mosca: “Sabemos que el Ejecutivo federal carece de habilidades de comunicación, por lo que en ánimo de continuar sus legítimas actividades estas compañías no sólo deben dar dinero, empleo y negocio a los mexicanos, como están obligadas por ley, sino mostrarlo cuanto antes ellas mismas”.

Es decir, más les vale que saquen la cartera y compren algunos espejitos para que los yucatecos dejen de oponerse a que el mar yucateco, sus ecosistemas que ahora quieren ser vendidos como destino turístico, se conviertan en un campo petrolero marino.

Claro, Jonathan Ruíz insiste en las mentiras propaladas por el régimen para privatizar Pemex: “Tienen que evidenciar, si es así, que son más eficientes, limpias y honradas que Pemex. De lo contrario, los vientos políticos empezarán a pegarles de frente en un país que fue indebidamente educado para ver la inversión extranjera con desconfianza. Ojalá, por el progreso económico del país, que eso suceda”.

“Indebidamente educado”. Quizá Jonathan Ruíz debería educarse mejor y desinformar menos a sus lectores. Valdría la pena no sólo leer la historia de las petroleras británicas y yanquis en Coatzacoalcos, sino alrededor del mundo. Los derrames como el reciente, sin ir más lejos en el Golfo de México de la British Petroleum.

Como se recordará en 2010 la plataforma Deepwater Horizon estaba haciendo exploraciones submarinas enmarcadas dentro del proyecto Macondo de la compañía petrolera británica, 68 kilómetros al sureste de Venice, Luisiana, específicamente a 1.525 metros bajo el agua y a 13.000 pies del lecho marino cuando una explosión tuvo lugar.

Decía Jean-Michel Cousteau Presidente, Ocean Futures Society en un artículo traducido por el activista y escritor mexicano, Rubén Arbizú, “para mí, la inquietante imagen que me persigue es la del robot sumergible, a más de 1,500 metros de profundidad, extendiendo una garra metálica y tratando de activar un dispositivo de cierre para detener el flujo de petróleo. Después de la explosión, la plataforma Deepwater Horizon empezó a derramar borbotones de más de siete millones de litros de petróleo cada día. El robot, una maravilla de alta tecnología, en su momento fue la esperanza en las conversaciones de los altos ejecutivos petroleros en su sala de juntas. Pero al final el robot fracasó, al igual que muchos de nuestros planes que no tienen en cuenta las consecuencias de nuestras acciones y la fragilidad del sistema natural”.

Jean-Michel Cousteau advertía que “todos aquellos cuyo sustento dependía de un ecosistema marino sano en el Golfo, en particular las industrias de la pesca y el turismo como la pesca deportiva, excursiones, y restaurantes de mariscos, quedaron sujetos a una pérdida económica completa. Muchos vendieron o perdieron sus negocios, y todavía no han visto ningún reembolso por parte de la empresa petrolera, BP, que operaba la plataforma durante el derrame . Contrariamente a lo que BP dice en su publicidad - que el Golfo ha vuelto a los niveles de vida anterior y no ha habido influencias por el derrame – los residentes continúan encontrando cinco años después bolas de alquitrán en las playas, aceite enterrado en sedimentos, y la disminución de la fauna. Sólo en Luisiana, dos y medio millones de litros de crudo fueron retirados de las playas y costas en 2013, el doble de la cantidad que se captó en 2012”.

Pero claro, Jonathan Ruíz, en El Financiero, nos quiere vender espejitos a los yucatecos: “Mientras tanto, habrá que dar seguimiento al Área 30 de la Ronda 2.4, que por muchas razones puede convertirse en un parteaguas de la historia petrolera del país”.

Sí, un parteaguas en la historia de Yucatán y sus ecosistemas costeros, ahora amenazados por la reforma energética peñista. Estamos ante su fin, el fin del Arrecife Alacranes.

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