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República de las Bananas

El ruido, y los conflictos vecinales, no sólo un problema del centro por Eduardo Lliteras Sentíes

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Hay que ampliar el debate a toda la ciudad. Porque la vida de Mérida se está viendo afectada no sólo en el centro, por la apertura de nuevos negocios y el crecimiento urbano, sino en la periferia, comisarías y colonias

“Y al final hubo tanto ruido, que al final llegÓ el final, ruido, ruido, ruido de ventanas, mucho mucho ruido, nidos de manzanas que se acaban por pudrir, mucho mucho ruido, tanto tanto ruido, tanto ruido, y al final olvidé el fin”…y con tanto ruido, no escucharon el final, mucho mucho ruido, ruido de tijeras, ruido de escaleras que se acaban por bajar, mucho mucho ruido, tanto tanto ruido, tanto ruido y al final, ruido de tenazas, ruido de amenazas, ruido de abogados, ruido compartido, ruido envenenado, demasiado ruido, ruido años perdidos, ruido empedernido, ruido de gemidos, ruidos animales,  ruido contagioso, ruido entrometido ruido escandaloso" …

Joaquín Sabina, Ruido

El ruido es un problema que afecta no sólo al centro de Mérida, como erróneamente se quiere hacer creer. Es una problemática que afecta a toda la ciudad con sus comisarías incluidas. Y que está escalando ante el crecimiento urbano caótico. En las comisarías, por ejemplo, la falta de regulación ha convertido en un infierno la vida de muchos habitantes. Y ahora, con la llegada de nuevos vecinos o negocios –que repentinamente de noche se convierten en karaokes nocturnos como sucede en Cholul- la vida se está transformando en un infierno para muchos.

Recuerdo bien que en algunos cascos históricos de España, la famosa marcha –o vida nocturna- disparó los decibelios que en muchos casos acabaron con la vida (y la salud) de las familias alojadas en viviendas situadas en lugares donde no sólo habían locales, bares, discotecas, sino que eran punto de paso de quienes buscaban divertirse toda la noche, entre el jolgorio y los meados escurridos en la calle, como recordaba Sabina al citar el origen de la inspiración de su canción "Ruido".

Quizá ese es el costo de convertirse en una ciudad de “moda”, en un lugar atractivo para el turismo, para los visitantes que buscan divertirse y que buscan la fiesta, pasarse la noche de juerga. Y claro, para los negocios que redescubren el centro como una meca para hacer dinero.

Claramente estamos en una coyuntura histórica de Mérida. En un quiebre de lo que había venido siendo su centro histórico hasta ahora, tras ser abandonado por muchas familias pudientes yucatecas para ser rescatado por extranjeros que reconstruyeron casas y se quedaron a vivir allí. El centro ha entrado en una nueva etapa y es evidente que estamos ante el choque de dos mundos, difícilmente reconciliables. Las autoridades (municipal y estatal de salud) han reaccionado, clausurando locales, en medio del proceso electoral, y ante la movilización de una parte de la comunidad extranjera, lo que ha dado un tinte aún más controvertido al conflicto entre acusaciones de tintes xenófobos. Es claro que en ambos bandos abundan las razones, sin perder de vista que la brújula debería ser el respeto al hogar ajeno, lo que es la paz. Es decir, no creo que nadie tenga por qué verse sometido a soportar dentro de su casa, el entusiasmo musical del momento o los gritos de felicidad del vecino o del local cercano, ni de día, ni de noche. A ninguna hora.

En Radio Universidad escuché a Andrés Tinoco platicando en cabina con Chacho Siller, integrante del Colectivo “La Música No Es Ruido” en un programa dedicado, según se dijo, “para conocer sus argumentos y propuestas para construir una convivencia armónica en la ciudad”.

Aunque lo que escuché fundamental fue que hay falta de información sobre los reglamentos municipales y estatales en la materia –están dispersos y no se entiende bien lo que quiere la autoridad- y la falta de conocimiento básico de las responsabilidades y ámbitos de competencia de las autoridades, entendí que muchos músicos se están viendo afectados en su modus vivendi, en sus ingresos por la cancelación de sus fuentes de empleo, tras la clausura de 14 establecimientos en los últimos meses.

Hagamos conciencia de que la música no es ruido y hoy por hoy es una fuente de empleo que cobija a muchísimas personas, decía el señor Tinoco.

No estamos en contra de las regulaciones y menos aún tenemos una campaña de odio contra la comunidad extranjera, no tenemos respaldo político ni empresarial, sólo buscamos el diálogo para con todas las partes involucradas en pro de la cultura musical y de quienes la hacemos nuestra forma de vida, dijo el músico, agobiado por los acontecimientos.

Sin embargo, la argumentación de que la música no es ruido, resulta superficial, ya que si bien se puede ser un melómano –y lo soy- también me queda claro que no tengo por qué imponer mis gustos musicales a nadie –vía subirle al sonido- y muchos menos afectar las actividades diarias y nocturnas de las personas que son mis vecinos. Precisamente en ese momento, la música, sí se puede convertir en ruido, y muy molesto, si estoy intentando conciliar el sueño, por ejemplo, o simplemente realizar mis actividades diarias mientras retumban las paredes al ritmo de la cumbia, reggaeton, flamenco, clásica o lo que el gusto musical exaltado de alguno convierte en ruido insoportable para otro.

Por lo pronto, en lo que se llega también a la claridad de que el ruido no sólo lo emiten locales mal acondicionados y con los decibelios fuera de control, sino autobuses viejos, el tráfico, negocios con bocinas a todo volumen para “atraer” a los potenciales clientes entre otros, hay que ampliar el debate a toda la ciudad. Porque la vida de Mérida se está viendo afectada no sólo en el centro, por la apertura de nuevos negocios y el crecimiento urbano, sino en la periferia, comisarías y colonias de la ciudad. Y no debe de tener derecho a la paz, al silencio, únicamente quien tiene dinero para comprarse una casa en un coto privado, circundado de muros, como es ahora la práctica en la “Ciudad Blanca”, para huir del caos, de la deforestación, del tráfico y del ruido, de afuera.

Ese mundo, de afuera, del que se busca escapar, si se tiene dinero pagarlo, y para aislarse, del mundanal ruido, en el que también se han convertido las relaciones humanas y vecinales. Ruido de abogados, ruido envenenado, demasiado ruido...

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