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República de las Bananas

Cuando el pasado, nos alcanzó en Cholul por Eduardo Lliteras Sentíes

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En realidad, la invitación está puesta para que lleguen más y más personas a vivir en los nuevos fraccionamientos pensados para aislar a las familias tras muros, rejas y policías privados que prometen seguridad, la que se está revelando una mentira

Desde que llegué a vivir a la comisaría de Cholul, ésta no ha cesado de transformarse, o más bien de sufrir el crecimiento incesante que caracteriza particularmente a la zona norte de la ciudad. Es una auténtica pesadilla, ya que las obras en la zona, la construcción de más casas, negocios, plazas que todos los días surgen en los alrededores, han barrido con la paz que ofrecía la comisaría, atrapada entre el periférico, la carretera a Motul y los nuevos fraccionamientos que promueven la ideología aislacionista al estilo Donald Trump: vivir en el “edén” para una casta pudiente que se encierra entre muros mientras afuera crece el caos, el desastre ambiental y la violencia. Esta afirmación no es exagerada: se talan árboles, crece el parque automovilístico y la agresividad de quienes manejan, convirtiendo las calles y el espacio público en un lugar riesgoso, ingrato, que no se disfruta, sino que se padece.

 

No cabe duda que otra ciudad está surgiendo al otro lado del periférico y no es una ciudad futurista –como nos quieren prometer quienes no movieron un dedo para mejorar el transporte en Mérida desde encargos estatales, por ejemplo- sino una urbe del pasado, que destruye los ecosistemas, el patrimonio arquitectónico e histórico y que contamina montada en autos privados.

 

En realidad, la invitación está puesta para que lleguen más y más personas a vivir en los nuevos fraccionamientos pensados para aislar a las familias tras muros, rejas y policías privados que prometen “seguridad”, la que se está revelando una mentira más, como podemos constatar tras la brutal ejecución en el lujoso edificio --“Magnia Corporate Center"-- de un conductor de UBER, al parecer dedicado a otros quehaceres más riesgosos.

 

Ahora, las empresas transnacionales que allí tienen sus corporativos están pensando marcharse a otro sitio menos inseguro, a pesar de que la plaza se promociona como un lujoso lugar para hacer negocios con vigilancia las 24 horas, incluyendo cámaras, policías privados, por no hablar de las cámaras de la Secretaría de Seguridad Pública instaladas a espaldas de la Plaza Altabrisa.

 

Esta zona de la ciudad se ha convertido en el escenario preferido de delincuentes de grueso calibre que han llegado a Mérida y al norte de la ciudad a vivir y a montar sus negocios con dinero mal habido.

 

La realidad es que estamos padeciendo la pérdida de la calidad de vida que tanto se presume fuera para que vengan a vivir más personas aquí o a visitarnos.

 

Sigue pasando el tiempo y Altabrisa no tiene parque, por ejemplo, pero eso sí, cada vez más edificios y casas. Las áreas verdes de las que estaba dotada se están perdiendo, mientras el crecimiento hacia Cholul y sus alrededores camina para fundir las comisarías del norte en un conglomerado urbano que copia los peores defectos de numerosas ciudades mexicanas en las recientes décadas, convertidas en infiernos urbanos.

 

En Cholul necesitamos otro parque, además de la plaza. De hecho, en el pasado hubo un proyecto que quedo en el abandono. Mientras tanto, la plaza principal sucumbe a los intereses de algunos que creen que el espacio común es para su usufructo privado, sin obligación alguna y sin que ninguna autoridad les diga ni exija nada.

 

Realizar un recorrido por el flamante fraccionamiento Gran San Pedro Cholul –y en otros que florecen en la zona- sólo corrobora esto que decimos.

 

Masas de casas se amontonan en lo que antes eran bosques y cenotes donde habitaban venados, jabalíes, zarigüeyas, aves. Lo peor es que el fraccionamiento se promociona como un lugar donde hay áreas verdes y se respeta el pasado arqueológico y arquitectónico.

 

Los restos de las construcciones mayas halladas en la zona se encuentran aisladas, sin que si quiera haya algún señalamiento para que  puedan ser conocidos. La ex hacienda de Cholul, fue arrasada, como dimos a conocer recientemente, sin que se sepa qué clase de castigo recibirán por parte del INAH.

 

Un paso a desnivel –pensado para favorecer la salida de autos del fraccionamiento- florece junto a un supermercado de esos cuyo logo antecede el crecimiento urbano, demostrando que la expansión urbana es un gran negocio para algunos sectores económicos, locales y de fuera, a los que se somete cualquier otra consideración. A los ciudadanos nos toca padecerlo, nada más.

 

Por el momento, no hay reglamento, urbano ni Cabildo, que pueda con estos poderosísimos intereses. Eso es claro.

 

 

 

 

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