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República de las Bananas

De cadáveres políticos y emotivos momentos tras el triunfo o derrota por Eduardo Lliteras Sentíes

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Huacho Díaz Mena sigue en la clandestinidad. O si se prefiere, anda tras bambalinas negociando el reparto de cargos en las delegaciones federales entre quienes se sumaron a su campaña –ex panistas, ex priistas, petistas y demás fauna convertida a última hora al credo de la “cuarta transformación” a través de las invectivas lanzadas contra Mauricio Vila-.

 

Si nos atenemos al curso actual de los nombramientos a nivel federal, aún es pronto para que el largo dedo capitalino palomee a los futuros delegados yucatecos y les dé el visto bueno.

 

Sin embargo, la lista de los nuevos prohombres debe ya debe estar elaborada, al menos al nivel de titulares.

 

Un insigne priista me decía recientemente que no debería de sorprenderme ver a numerosos priistas pasar a las delegaciones federales pejistas debido a que “Morena no tiene los cuadros”.

 

Es decir, las delegaciones federales se convertirán en lo que siempre han sido, cuevas donde se resguardará mucha de esa fauna que no alcanzó cargo alguno en el gobierno estatal, y que ahora van a sobrar, debido a que perdió el PRI la gubernatura, obviamente.

 

Ya no hay más reductos adónde escabullirse para vivir del sacrosanto presupuesto. El horizonte caribeño, tantos años tierra promisoria para tantos priistas e ivonistas yucatecos, se cerró parcialmente con la llegada de Carlos Joaquín. De hecho Yucatán se volvió el refugio para numerosos borgistas que huyeron buscando la protección de Rolando.

 

Claro, ahora, muchos le apuestan a colarse a las mieles del presupuesto gracias a la buena relación con Huacho o con alguno de los caciques locales que tienen línea directa con AMLO y que esperan cobrar la lluvia de votos presidenciales.

 

No cabe duda de que son momentos de “mucha emotividad”, tanto para los ganadores –que ven abrirse un maravilloso mundo de oportunidades- como para los perdedores, que en muchos casos no vieron venir la avalancha que los aplastó, hasta que ya era demasiado tarde.

 

Resulta paradójico comprobar que el candidato del PRI perdió por una cantidad de votos semejante al cálculo alegre que se hacían los priistas anticipando su victoria gracias a esa temible maquinaria que arrollaría a la oposición al estilo de las cuadrigas o de los catafractos (unidades de caballería del mundo antiguo en las que tanto el caballo como el jinete llevaban armadura).

 

Nada de eso. Como anticipamos en La Jornada Maya hace semanas, el voto masivo –del que Yucatán es líder y ejemplo nacional- barrió con la famosa estructura así como el voto diferenciado, que nos dio un presidente de la República de un partido y un gobernador de otro así como un congreso dominado por el PRI y esa oposición satélite del Tricolor que lo secundará en su ataque al próximo Ejecutivo yucateco. Allí Morena tendrá un papel importante que jugar, con tres diputados. Si partimos del ejemplo de la solitaria –y muy valiente- ex diputada Jazmín Villanueva Moo, la bancada de Morena se mantendrá muy crítica pero capaz de razonar para apoyar iniciativas valiosas. Es decir, se podría esperar que no sea una comparsa más del PRI en el Congreso, como ya algunos esperan del Verde, del Panal, del PRD. Ojalá sea así.

 

Y bueno, llegó el momento, por fin, de la larga digestión del gobierno de Rolando Zapata de la derrota. Le tomó al gobernador más de 7 días decir la palabra mágica “felicité a Vila”, y reconocer la victoria del gobernador electo. Si bien, no dijo, como ahora se apresuran a decir muchos convenencieros y conversos de último minuto, “voté por ti Vila”, sí reconoció la voluntad de cambio expresada en las urnas, no sólo a nivel estatal, sino federal.

 

Dicho reconocimiento, insistimos, fue muy tardío. Los gobernadores de Campeche y Quintana Roo, reconocieron la victoria de Andrés Manuel el mismo día, en consonancia con Meade y Anaya.

 

El mismo Enrique Peña luego de emitir su voto con sus hijos y esposa, dijo que estaba  listo para aceptar un resultado adverso para su partido. Ya veía las negras nubes del destino sobre su cabeza.

 

Pero en Yucatán se tardaron 7 días para digerir la derrota abrumadora, ese mandato ciudadano de relevo “de modelo de país, de modelo económico, social y político”, según reconoció Rolando Zapata.

 

El mejor gobernador, resultó reprobado en la única encuesta auténtica y válida, la de las urnas.

 

Ahora Felipe Cervera se yergue como el último mohicano que desde el Congreso local intentará meterle el pie al gobierno de Vila.

 

Por cierto, llamó la atención esa rara foto y boletín del PRI “celebrando” en días recientes, tras la admisión de Sahuí y Caballero de su derrota. Notable la ausencia de Víctor Caballero, auténtico cadáver político, que no ha explicado el origen de más de 4 millones de pesos en la simulación de compra de la casa de sus padres. Pero de eso hablaremos otro día.

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