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República de las Bananas

Nombramientos y pagos de favores en la administración federal por Eduardo Lliteras Sentíes

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Mientras los reflectores se enfocan en el nombramiento del ex secretario de Gobernación Manuel Bartlett Bartlett (señalado de operar el fraude electoral en 1988 que impuso a Salinas de Gortari) al frente de la Comisión Federal de Electricidad, en el gobierno federal aún en funciones y con Enrique Peña Nieto al frente, se siguen repartiendo como botín de piratas los recursos públicos.

 

En efecto. Aprovechando los meses que faltan para entregar la endeudadísima administración federal a López Obrador, el gobierno de Peña Nieto nombró a un grupo de imberbes tecnócratas en puestos de la administración federal con sueldos de súper lujo, para que salgan con las alforjas bien cargadas.

 

Como señala Salvador Camarena en El Financiero, se trata de decenas de jóvenes –una cincuentena en Banobras, por ejemplo, pero también otros más en Hacienda y en otros organismos federales- vinculados a José Antonio Meade pero también a Ricardo Anaya que fueron llamados a libar de las últimas mieles de la administración federal prianista.

 

Por ejemplo. Entre los juniors que se sacaron la lotería tenemos a una joven promesa de la administración federal de apenas 33 años quien fungió como secretario del candidato presidencial y ex secretario de Hacienda, José Antonio Meade, y que tras la campaña ha sido recompensado con un bonito cargo.

 

Se trata de Emilio Fueyo Saldaña quien desde la semana pasada es el flamante director de Banca, Valores y Ahorro de la Secretaría de Hacienda. Llegó a ese cargo gracias a haberle cargado las carpetas a Meade. Pero claro, no es el único caso, ni mucho menos.

 

También se cuenta entre los niñatos influyentes Tomás Trueba Zepeda, quien la semana pasada, como señala Salvador Camarena, fue nombrado como abogado y fiduciario en Nacional Financiera. Su currículum está cargado de servicios a Meade y nada más. Fue responsable por escasos 9 meses de la Unidad de Productividad Económica de Hacienda con el ex candidato presidencial. Algo de indudable importancia para la nación, no cabe duda.

 

Como dice Salvador Camarena: “imaginen ese currículum: pasé casi todo el sexenio en la secretaría particular de Meade en tres dependencias, pero cerré fuerte y, tras la campaña donde quedamos en tercer lugar, me hicieron abogado principal de Nacional Financiera”.

 

Pero hay más casos -revelados por Salvador Camarena en sus columnas recientes- de nombramientos en éstos días en lo oscurito, es decir, bajo el manto del silencio en el que pasa todo lo que hace la administración de Enrique Peña Nieto –que apenas pidió otros 10 mil millones de dólares de deuda- mientras los recién descubiertos críticos del obradorismo lanzan puyas y ataques enfebrecidos por el rencor priianista contra cualquier cosa que diga o haga el presidente virtual.

 

Por ejemplo, Julio César Guerrero Martín, es otro de los favorecidos con esos cargos divinos gracias a ser chicos preferidos de José Antonio Meade.

 

Ex colaborador de la fracasada campaña de Meade cayó bien parado en el Indaabin, otro organismo federal donde los sueldos andan por las nubes y que se encarga, dice Salvador Camarena, de toda la valuación de bienes que adquiere la Federación. En sus manos estaría también, por supuesto, todo lo que tiene ver con el NAIM (Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México), nada menos, y no casualmente. Pero claro, es López Obrador el culpable de todo lo que ha pasado, pasa y sucederá con dicho negociazo presidencial.

 

Estos son sólo algunos ejemplos de las “becas” de última hora, que cayeron a puños a pupilos de Meade, pero también de Ricardo Anaya, en el gobierno federal en las semanas recientes, y que son un regalo para que se forren por cuatro meses.

 

Mientras tanto, los defensores de esos sueldos tan merecidos de senadores y diputados, de funcionarios federales tan entregados – que podrían perder la casa o el coche, según nos dicen compungidos sus defensores- rechazan muy molestos el recorte en las remuneraciones principescas. No sin amenazar, eso sí, que podrían convertirse en ladrones y secuestradores por no ganar lo que se merecen. A esos extremos de cinismo hemos llegado.

 

 

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