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Vaticanerías: Huesos en la nunciatura romana y triangulaciones millonarias por Eduardo Lliteras Senties

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Mientras el Vaticano y las autoridades italianas siguen escarbando en la nunciatura de la Santa Sede en Roma –tras el hallazgo de un par de esqueletos en el pavimento del viejo edificio, donado al Estado religioso en 1949- nuevos escándalos sacuden al papado de Francisco I.

 

En efecto. En días pasados se hallaron restos de una o dos personas, de las que no se sabe nada, más allá de que se están realizando estudios de DNA, para “establecer su posible identidad”. De inmediato se especuló que podría tratarse de la joven ciudadana del Vaticano, Emanuela Orlandi, hija de un empleado de la Santa Sede, desaparecida en 1983 en las calles de Roma, y de la que nunca se ha vuelto a saber nada.

 

En el caso Orlandi, a lo largo de las décadas, se han mezclado teorías de todo tipo que entretejen complots que ni Daw Brown habría podido imaginar.

 

Servicios secretos de la Guerra Fría, organizaciones terroristas de extrema derecha como los turcos “Lobos Grises” a la que perteneció Ali Agca (el sicario que le disparó al Papa Juan Pablo II en Plaza San Pedro), organizaciones criminales como la romana banda della Magliana o sórdidos tráficos de menores en el que participaban jerarcas del Vaticano, son sólo algunas de las principales teorías tras la desaparición de Emanuela, en las que más de alguna jugó el papel de despistaje de las autoridades. En la trama, el caso de otra jovencita, Mirella Gregori, también desaparecida en Roma, en las inmediaciones de Porta Pía, allí donde fue derrotado el Estado Vaticano en histórica batalla.

 

Fue el fallecido exorcista del Vaticano, a quien conocimos en Roma, Gabriel Amorth, quien unos años antes de fallecer aseguró en una entrevista al periódico La Stampa que Emanuela había sido objeto de «un crimen de naturaleza sexual» dentro del Vaticano.

 

A éste caso que regularmente reaparece en las crónicas romanas de los principales diarios italianos, y a las revelaciones sin fin de casos nuevos de abusos sexuales a menores, se debe añadir el de monseñor Ettore Balestrero, ex nuncio pontificio en Colombia, acusado, nada menos, que de lavado de dinero a nivel internacional. Embajador del Vaticano desde 2013, fue inopinadamente removido recientemente por la Santa Sede, la que no explicó oficialmente las razones de esa decisión y de su traslado inmediato a la República Democrática del Congo para que se ocupe de los asuntos de la nunciatura apostólica de Kinshasa.

 

Se trata de un traslado anómalo, que ha generado reacciones muy diferentes en los ambientes internos al Vaticano, señalan observadores de la Santa Sede.

 

Balestrero, un atildado italiano de 51 años, en el servicio diplomático de la Santa Sede desde 1996, había sido nombrado en Colombia en febrero del 2013 por Benedicto XVI. Pero además de estar involucrado en la poderosa "lobby gay" del Vaticano -un grupo de poder formado por prelados con tendencias homosexuales- la gota que derramó el vaso fue la apertura de una investigación por lavado realizada por la magistratura de Génova, Italia.

 

La agencia italiana de prensa Agi señala que el Papa Francisco no estaba satisfecho con la labor de Balestrero en Colombia por su cercanía a los sectores más conservadores del país y contrarios a la firma de la paz con la guerrilla de izquierda. Es decir, favorables a la continuidad de la guerra.

 

Sin embargo, la situación del prelado se tornó insostenible, luego de la revelación oficial de que Ettore Balestrero está siendo investigado por blanqueo de dinero cuando se desempeñaba como nuncio en Colombia, a cuenta de una “donación” (o más bien triangulación a través de una banca Suiza) de casi cuatro millones de euros a su hermano, empresario italiano del sector cárnico.

 

Hasta hace poco dueño de una carrera fulgurante en la jerarquía eclesiástica el  trasladado a la nunciatura apostólica en Kinshasa equivale a todas luces a ponerlo en el congelador. Ni siquiera el Vaticano ha indicado si va a ser nombrado o no, nuncio apostólico, en ese país africano. O si simplemente fue trasladado allí para alejarlo de los reflectores, para después hacerlo desaparecer con rumbo desconocido.

 

Balestrero, según las autoridades judiciales que lo investigan en Italia, suscribió ante notario una “donación de casi cuatro millones de euros” a favor de su hermano Guido Balestrero, empresario dedicado a las importaciones cárnicas.

 

De inmediato surgió la pregunta: ¿de dónde saca un arzobispo cuatro millones de euros? ¿Y por qué se los dona a su hermano, un empresario? Según los fiscales, esta donación completaba el blanqueo de los ingresos procedentes de una enorme operación de contrabando de carne realizada en España.

 

Fue Bankitalia la que dio la voz de alarma. Así inició la investigación de casi veinte años. La trama inició en junio de 1998, cuando el diario El País reveló un escándalo que involucraba un tráfico entre tres países -Italia, Argentina y España- en los que estaban involucrados los importadores cárnicos Guido Balastrero (hermano de monseñor) y su padre, Gerolamo.

 

Los dos fueron acusados de haber sobornado a funcionarios del Ministerio de Comercio para obtener determinadas licencias que les permitieran importar una cuota de carne argentina a través de Madrid superior a la permitida. Los Balestrero negociaron con las autoridades, pero aquel tráfico produjo ingresos de los que nada se supo entonces. Hasta ahora.

 

Según las investigaciones, para ocultar esos ingresos ilícitos se creó una sociedad fantasma llamada “Tamara”, en un paraíso fiscal, las Islas Vírgenes británicas. Y claro, adivine usted quién era el “beneficiario” de las operaciones realizadas por “Tamara” a través de la financiera suiza Finimex: su Ilustrísima y reverendísimo arzobispo Ettore Balestrero.

 

Obviamente, el arzobispo, durante un interrogatorio en Génova, declaró no saber nada de las operaciones que se hicieron a su nombre. Sin embargo, la policía tributaria italiana hizo bien su trabajo: logró interceptar las llamadas desde Colombia del ex nuncio a su hermano, realizadas con tarjetas pre pago a dos hoteles en Italia en horarios pre establecidos, con la intención, precisamente, de eludir posible espionaje. Pero fueron escuchados, grabados y las conversaciones resultaron precisamente sobre el fructífero y millonario lavado.  

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