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República de las Bananas

La trova de una hipster en el Mayab por Eduardo Lliteras Sentíes

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No habrá nadie en el mundo que cure la herida que dejó tu orgullo, yo no comprendo que tú me lastimes… dice la canción de Concha Buika, invitada al Festival de la Trova en Mérida y que le queda como saco cortado a medida a la secretaria de Turismo, Michelle Fridman.

Las quejas por la parálisis de la ciudad de Mérida las manda por un tubo la señora publicista, al afirmar que es perfectamente normal que tengan lugar embotellamientos de tráfico por eventos como el Festival de la Trova.

Se mofó de los ciudadanos a los que no les gustó quedarse sentados en sus autos esperando salir del laberinto en que se convirtió el corazón de la ciudad por el Festival de la Trova al afirmar que se avisó con tiempo. Lo cual es falso, ya que no avisó, no a numerosos medios locales, creyendo que con echar mano de algunos medios tradicionales ya estaba servida la sopa. Grave desconocimiento de la hipster que le ha apostado a los caros influencers capitalinos y a los promotores en redes para defender su imagen y promover el festival, paradójicamente.

Ni tampoco es normal –no en Mérida, no en la zona de la Pérez Ponce y Colón- ni se tiene por qué aceptar esa normalidad del caos vial de ciudades como la de México o Guadalajara, a la que nos encaminamos por la vía de calcar los peores vicios que han acabado con las ciudades mexicanas, una a una. Precisamente.

No se tiene por qué aceptar ese destino infausto para los ciudadanos de una ciudad que a fuerza de venderla como la mejor del país, quieren convertirla en el mismo pantano de contaminación, ruido y parálisis. Hay otros ejemplos de movilidad, hay otras ciudades donde se vive diferente, donde la cultura o un festival no significan paralizar la vida de miles de ciudadanos.

Ningún festival puede ser construido sobre el malestar de una parte muy importante de la ciudad. Ni ninguna autoridad puede pasar de esa manera por encima de los ciudadanos a los que debe servir.

Hay que consensar, dialogar, y entender el lugar sobre el que se está parado. Y eso no está ocurriendo. Ya suman demasiados errores en escasos dos meses. Y demasiada soberbia desde un cargo público.

No menos importante es el hecho de que se trató de un evento privado, al que había que acceder pagando, aunque al final decidieron regalar los boletos para evitar eventos vacíos, lo que sí sucedió con algunas sedes. Aunque no todas.

Necesario es que se rinda cuentas con exactitud de cuánto se gastó, en qué se gastó, a quién se contrató, qué empresas.

Pero sobre todo, salvemos a Mérida de ese concepto masivo, egoísta, paralizado, de ciudad y festivales. Sí al Festival de la Trova, pero no así.

Seamos un sueño imposible que busca la noche, para ocultarse en las sombras del mundo y de todos, seamos en nuestra quimera dolieente y querida, dos hojas que el viento mueve junto en el otoñoooo… parafraseando a Concha Buika, bienvenida a Mérida.


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