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República de las Bananas

Un muro de olvido, la Alabama México por Eduardo Lliteras Sentíes

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Trabajadores de la maquiladora Alabama México cumplieron más de un mes durmiendo a la intemperie a un costado de la carretera Conkal-Chicxulub para evitar que los propietarios de la empresa saquen la maquinaria y se den a la fuga sin pagarles las quincenas que les deben y sin liquidarlos conforme a la ley, como intentaron los patrones antes de que terminara el año, cuando llevaron un par de camiones y un puñado de hombres para desalojar los galerones de la fábrica en lo oscurito.

En esa ocasión, un pitazo de alguien desde dentro de la maquiladora, dio aviso a los trabajadores que lograron llegar a tiempo, antes de que desalojaran los galpones a toda prisa con toda la intención de los patrones de largarse de la sede de Alabama México para no pagar y marcharse a otro municipio para recontratar empleados. Y recomenzar el ciclo de explotación en Yucatán.

Para ser exactos los trabajadores tienen un mes y dos días acampando bajo un toldo de plásticos entre la vegetación justo en frente de la maquiladora y sus rejas oxidadas de las que penden algunos andrajos de banderas rojinegras.

Son las nueve y media de la noche y en la oscuridad de boca de lobo de la carretera aparece fantasmal la maquiladora “Alabama México S.A. de C.V.”, mal iluminada por algunos focos de neón en su asfaltado patio de entrada y en la caseta de vigilancia, en la que se guarece un empistolado vigilante. Estamos ante un auténtico muro de herrumbre, olvido, indiferencia e injusticia, ante los ojos de los trabajadores y de quien tenga un poco de tiempo para contemplarlo.

Bajo el toldo amarrado con mecates, sentados alrededor de una mesa de plástico, seis trabajadores conversan y toman café a la luz de unas velas.

A un costado del “comedor” cuelgan un par de hamacas instaladas por los trabajadores para intentar descansar, pero la “heladez” de éstos días lo dificulta aún más, por lo que comentan que mejor se pasan las noches en vela conversando.

El día de la violenta turbonada que tiró postes, árboles, semáforos y espectaculares en Mérida y en la costa yucateca, terminaron empapados hasta los huesos, intentando sujetar los plásticos que arrancó el viento, entre el lodo, los garrafones de agua, la pobre “despensa” que tienen en el lugar y sus escasas pertenencias.

En sus rostros se observa el cansancio, la tristeza, el dolor de un mes y días clavados frente a esa maquiladora en la que dejaron muchos años de sus vidas, en algunos casos 13, 10, 8 años, fabricando ropa para otros, para ser exportada a Canadá.

Algunos trabajadores han ido cediendo, doblando las manos. Es normal, los que menos años tenían de trabajar aceptan lo que les ofrecen los abogados de la empresa. Tienen menos que perder. Y no pueden darse el lujo de esperar, hay que buscar trabajo ya que el tiempo y los gastos apremian. Los hijos, la familia, no pueden esperar.

Esa es la apuesta de los propietarios y de los abogados de Alabama México: el desgaste de los trabajadores abandonados a su suerte (y a la laxa aplicación de la “ley” laboral) juega a su favor.

Mucho han resistido los trabajadores, negándose a aceptar las liquidaciones ridículas que les ofrecen los patrones canadienses y mexicanos por tantos años de trabajo, sin cubrir las prestaciones de ley.

La mano solidaria de algunas personas y sindicatos les ha permitido medianamente sobrevivir más de un mes en plantón frente a la maquiladora, pero el tiempo y los gastos en sus hogares, apremian. El plantón, la defensa de sus derechos, es un auténtico lujo, que están pagando caro.

Alguno comenta que obtiene 150 pesos diarios con un mototaxi en Ixil, pero es insuficiente para afrontar los gastos; urge ponerse a trabajar en otra empresa, dice agobiado, sentado en un desvencijado asiento de coche colocado en el piso.

Nos comentan que los funcionarios de Conciliación y Arbitraje son lapidarios: recomiendan aceptar lo que les ofrecen los abogados, y dejarse de plantones, ya que en casos similares con otras maquiladoras, los trabajadores se han quedado esperando años y años, para poder cobrar. El laberinto de la injusticia laboral, no tiene salida.

Eso les dicen. Acepten ya lo que les ofrecen, aunque no sea lo que especifica la ley, aunque se violen sus derechos laborales. Es mejor pájaro en mano, que ciento volando.

Pero los trabajadores no se arredran. En las noches, lámparas en mano, entre la oscuridad rodean la maquiladora, para echar un vistazo al camino de terracería que conecta con una puerta trasera, no vaya a ser que por atrás intenten darles un madruguete y llevarse la maquinaria como intentaron en diciembre.

Eso sí, por el lugar no se han detenido -ni siquiera para conversar o llevarles unas galletas- algún diputado o senador, diputada o senadora, de esos y esas que en éstos días hablan mucho en tribuna, presumiendo su preocupación por México y los mexicanos, que piden confianza, de nueva cuenta en sus partidos malolientes de corrupción.

La noche avanza y el frío húmedo entre las plantas penetra los huesos. De la caseta de vigilancia sale un policía privado armado, tras escucharnos hablar con el celular mientras grabamos un vídeo. Pasa una patrulla en su rondín, cumpliendo con la orden de cuidar a los trabajadores en plantón y que no haya agresiones.

Se trata de una noche más frente a la maquiladora Alabama México, en éste juego de fuerzas y desgaste en Yucatán, auténtico pulso, entre el músculo patronal y la encallecida resistencia de los trabajadores.

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