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FILEY, la inacabable mesa del presídium y dos maniquíes por Eduardo Lliteras Sentíes

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Mientras más larga es la mesa del presídium, más relevante es el evento a inaugurar, parecieran pensar algunos organizadores de eventos.

La mesa del presídium de la FILEY 2019, aunque no batió la decimonónica extensión de su primer año, pareció excesiva, como siempre.

Demasiados funcionarios, demasiados saludos a diputados y presídium, con los aplausos de rigor, tras el anuncio del cargo y nombre a gritos, en un formato gris en el que pasó desapercibido el “vídeo promocional” de la feria transmitido durante la inauguración.

Quizá sería hora de pensar en una ceremonia menos burocrática y más literaria, para la próxima edición, por aquello de que se trata, es de Perogrullo, de una feria de la lectura. Antes que de otra cosa.

Todo ese buqué de rancia grisura estuvo enmarcado –al estilo de una vitrina de los años 20 del siglo pasado- por dos maniquíes vestidos de mestiza, en sustitución de las edecanes de carne y hueso. No faltó la dama que me dijera que dichos maniquíes eran un insulto a las mujeres yucatecas.

Las palabras del escritor Héctor Cruz Manjarrez y Mejía fueron, como era de esperarse, lo más interesante y profundo de la inauguración. Rápido, sin mucho preámbulo ni pretensión, el escritor hizo un bosquejo de algunos de los autores que marcaron su trayecto a través de los libros, recopilando autores griegos y romanos.

En un país de escasos lectores, como dijo posteriormente a La Jornada Maya en unas declaraciones el premiado Manjarrez, los escenarios para invitar a leer, deberían ser menos opacos, salir del formato enguayaberado de siempre, abrir sus alas a la creatividad y la imaginación.

Ya lo decía Libanio a Prisco en una carta fechada en Antiquía, en marzo del año 380: “Qué maravillosos son los libros, cruzan mundos y siglos, y vencen la ignorancia e incluso el tiempo cruel”. (Juliano El Apóstata, Gore Vidal, pág 19, edhasa, España, 2008)

Allí están en la FILEY, venciendo las distancias y los tiempos, incluidas las persecuciones y las quemas de textos prohibidos, miles de libros a la espera de ese lector que abra sus páginas y se sumerja en sus palabras. Y busque la libertad, palabra que mencionó Manjarraez, no casualmente.

CAJÓN DE SASTRE

Cabe anotar, a manera de colofón, que casi a la misma hora de la inauguración, en el Museo Maya, los moneros de La Jornada y El Chamuco encabezados por El Fisgón, decidieron salirse del salón que les habían asignado e iniciar una plática en las escaleras de ese elefante blanco tan costoso para Yucatán, porque no cupo la gente en la sala que les asignaron y no dejaron ingresar a más personas.

Camino al auto me encontré, al estilo de la Academia de Atenas de Rafael Sanzio ubicada en las Estancias de Rafael en el Vaticano, a los moneros hablando sobre política, neoliberalismo y periodismo con su público, un nutrido grupo que se arremolinaba sentado en las escalinatas y en el piso mientras El Fisgón, Monero Rapé y Monero Hernández dialogaban con ellos.

“Seguimos siendo gente de oposición por una razón muy sencilla, porque el proyecto neoliberal sigue siendo hegemónico en el planeta; lo que tenemos aquí, es una anomalía histórica, todo el mundo está girando a la derecha, y el país está girando a la izquierda”, decía El Fisgón.

El contraste con algunos salones vacíos de la FILEY y la falta de espacio para los moneros, fue otro de los contrastes del inicio gris de la feria. Quizá, porque siguen siendo oposición. El Fisgón, dixit.

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