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República de las Bananas

Los buscadores en el país de las fosas por Eduardo Lliteras Sentíes

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Si uno entra al perfil del “Colectivo Solecito” en Veracruz verá rostros de jóvenes enmarcados en una ficha digital en la que además de su foto aparecen datos generales sobre su filiación y la frase “¡Ayúdanos a encontrarlo!”. Es un grito desesperado en la red social donde tantas personas compartimos selfies, fotos de viajes, de fiestas y comidas, de tanta banalidad, en un país en el que la muerte y el terror más sanguinario han sembrado de restos humanos incontables fosas clandestinas, sórdidos páramos donde los huesos de personas se confunden con trozos de animales, pedazos de ropa carbonizados, zapatos y basura.

Mientras esto escribimos, siguen desapareciendo personas en el territorio nacional. Y nuevas fosas clandestinas son halladas, en muchos casos por familiares de los mismos desaparecidos, levantados, llevados a la fuerza por miembros del crimen organizado o de las fuerzas del Estado. La omisión y la complicidad –como puntualiza el periodista, José Gil Olmos- de las autoridades, ha obligado a los familiares a buscar a sus seres queridos, inclusive con riesgo de sus propias vidas.

Como explican Germán Canseco y Noé Zavaleta en la introducción del libro “Los Buscadores” de los reporteros de Proceso, “en las desapariciones de México convergen la impunidad, la corrupción, los cárteles del crimen organizado y las pugnas entre los barones de la droga, así como el tortuguismo de las corporaciones policíacas y la pasividad de las instituciones de procuración de justicia. En algunos casos esto se debe a omisiones, pero la mayoría es por complicidad”.

Evidentemente, el cambio de gobierno a nivel federal, per sé, no significa que la violencia vaya a cesar en el país, ni mucho menos, por el contrario, no ha cesado de escalar desde que el gobierno federal de Felipe Calderón decidió convertirla en una guerra financiada y equipada por Washington (a través de la “Iniciativa Mérida”), con todas las agencias estadounidenses operando en el país sin control alguno de la autoridad mexicana. La cercanía a los Estados Unidos, y sus necesidades de drogas, comenzó infestando de violencia el norte. Y desde entonces, la violencia criminal ha ido contaminando el país hasta el sur profundo como demuestra la crítica situación de Quintana Roo. Un Estado tras otro han ido cayendo, y modificando la vida de sus habitantes para siempre, cegándola en muchos casos o marcándola, transformando la agenda periodística de los reporteros, hasta imponerles, inclusive, líneas editoriales dictadas por el mismo crimen organizado.

En el libro “Los Buscadores”, un grupo de reporteros de la revista Proceso recogen las historias de quienes han tenido que convertirse en abogados, peritos, forenses en la búsqueda de sus seres queridos, desaparecidos y arrojados en algún lugar oscuro de la geografía nacional.

“No es que te van a entregar a tu desaparecido completo; son mínimos los casos en los que te entregan a tu familiar completo. Es, nos dieron un cráneo y 17 huesos, nos dieron el fémur, como los desaparecidos en Tierra Blanca: cinco desaparecidos que fue un tema nacional e internacional, porque los detiene la policía estatal y se los entrega al cártel de Jalisco Nueva Generación; y pasaron los meses y la investigación únicamente arroja que los mataron, y los carbonizaron y los hicieron pedazos, pero qué pruebas tenemos: tenemos un fémur para entregarte, hay un fémur de uno de los cinco pero de los demás no sabes, pero sabemos que los mataron, pero no sabemos dónde están”, narra el periodista veracruzano Noé Zavaleta en Mérida explicando el horror y el laberinto de la justicia en México, cómplice en muchos casos de los mismos grupos criminales.

Precisamente, Alejandro Encinas, en la reinstalación del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas aseguró apenas el domingo 24 que “el nuevo gobierno federal ha asumido su responsabilidad reconociendo la crisis humanitaria y en materia de derechos humanos y desaparición en nuestro país”.

"Este gobierno hereda una deuda histórica de más de 40 mil personas desaparecidas, 26 mil cuerpos y decenas de miles de restos óseos sin identificar y cientos de fosas clandestinas”, reconoció el funcionario federal.

Sin embargo, el periodista José Gil Olmos, asegura que “si bien el actual gobierno parece más abierto y está proponiendo que se haga una especie de colaboración con la ONU para tener protocolos de investigación, de clasificación, de todo lo que se pueda encontrar”, “con éste gobierno de la cuarta transformación no se han dado señales en esta materia para que digas se nota el cambio”.

El comentario de José Gil Olmos fue anterior al anuncio de Encinas -Subsecretario de Derechos humanos, población y migración del gobierno obradorista- pero como dijo el periodista: esto apenas empieza; tenemos 20 años con éste fenómeno –de las fosas clandestinas y los desaparecidos-. Y no se ve para cuándo México pueda poner fin a ésta guerra y al horror que ha sembrado de restos humanos y de dolor al país, en total impunidad.


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