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El rostro del señor Itzá que emergió en las Granjas Kekén de Kinchil por Eduardo Lliteras Sentíes

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Durante las excavaciones en los terrenos donde posteriormente fueron edificados las granjas de cerdos de la empresa Kekén en el municipio de Kinchil, emergieron piezas de cobre que viajaron hasta la Península de Yucatán hace cientos de años muy posiblemente desde lo que hoy es Centroamérica.

 

En las excavaciones realizadas por el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) del grupo habitacional XI de Granjas Kekén en Kinchil se descubrieron dos sorprendentes piezas de cascabeles de cobre: uno de éstos representa un rostro de un poderoso señor y el otro es una delicada campanita.

 

El rostro de éste poderoso señor, amplificado, es la impresionante portada del libro “Kinchil, Salvamento arqueológico en Granjas Kekén, noroeste de Yucatán”, libro de 133 páginas editado en Yucatán, 2018, con el patrocinio de la empresa Kekén y el apoyo del INAH y de la Secretaría de Cultura de México. Dicho rostro, además, del cascabel-efigie representa la cara de un señor o jefe guerrero local, de la misma orden castrense a la que pertenecieron los guerreros Itzá, según explica Ana María Padilla Dorantes.

 

La edición financiado al 100 por ciento por la empresa Kekén, es prolífica en sus fotografías a colores, diagramas, croquis, mapas, que ilustran con lujo de detalles el repertorio de piezas arqueológicas halladas en los terrenos de dicha empresa a través del salvamento realizado por el INAH.

 

Es una obra de divulgación de ese patrimonio cultural rescatado en apenas el 10 por ciento de las 3000 hectáreas de las Granjas de Kekén en Kinchil, ya que las estructuras de la empresa porcícola ocupan únicamente ese porcentaje del terreno en el que se hallaron, por ejemplo, los restos de un juego de pelota.

 

Como añade Ana María Padilla Dorantes en el capítulo 5 llamado “Los Metales”, las piezas de cobre halladas fueron elaboradas a través de la técnica de vaciado a la cera perdida y podrían formar parte de las piezas en aleación de oro y cobre provenientes de lo que hoy es Costa Rica, Panamá y Honduras. Dichas piezas viajaba a la Península de Yucatán durante el periodo de hegemonía de Chichén Itzá, entre los IX y XI a través del comercio marítimo.

 

Cabe destacar que “la pequeña comunidad maya que en la época prehispánica habitó en los contornos de lo que hoy son los terrenos de la Granja Kekén en Kinchil evolucionó inmersa en los vaivenes de la dinámica política, económica y cultural que caracterizaron cada uno de los diferentes periodos del desarrollo de la civilización maya en el norte de Yucatán, en particular de la región noroccidental a la que perteneció”, según explican Fernando Robles Castellanos y Anthony P. Andrews.

 

Esa pequeña comunidad dejó una colección de piezas y de vestigios que retornaron a la luz durante las excavaciones iniciadas en 2015.

 

Hablamos, por ejemplo, de un juego de pelota –que ya mencionamos- cuya construcción, según los arqueólogos, data del Preclásico Medio.

 

Según Susana Echeverría Castillo y Rubén Chuc Aguilar la cancha del dicho juego pelota está formado por dos construcciones paralelas de 19 metros de largo y 5 metros de ancho y una plataforma pequeña de 5 metros de largo por 4 metros de ancho.

 

Además, se hallaron otras construcciones asociadas a dicha estructura, como un basamento rectangular situado a 46 metros al sur de la cancha así como otras dos estructuras más. Es decir, en éste conjunto arquitectónico posiblemente radicó un señor de relativa importancia social dentro de su comunidad.

 

Asimismo, en los terrenos de las Granjas de Kekén se hallaron los restos de que fue un antiguo caserío maya que desde el Preclásico Medio y hasta el Clásico Tardío evidencian ocupación prehispánica de la zona.

 

Posteriormente, después de varios siglos de abandono del paraje hoy ocupado por Kekén en Kinchil, en algún momento del siglo XIX –o quizá antes- sobre los vestigios mayas, se levantaron rústicas construcciones que al parecer sirvieron de campamento a cortadores de palo de tinte y mata tintórea.

 

Además de esa interesante historia, el libro presenta una colección de fragmentos de cerámica de colores monocromos rojo, negro o bayo, del tipo Alfarería Nabanché así como fragmentos de cajetes, ollas y cuencos.

 

No menos relevante es la colección de manos de metate y morteros hallados en las Granjas Kekén de Kinchil. Hablamos de 8 manos de metate recuperadas así como de percutores, alisadores y hachas de piedra.

 

Entre las otras piezas halladas destaca un pendiente elaborado con un fragmento de concha así como 21 elementos de pedernal.

 

Esta fascinante historia del salvamento realizado por el INAH, es una muestra más, de la riqueza cultural, artística e histórica oculta en cada paraje de Yucatán.

 

Con un tiraje de 500 libros, el texto también estará disponible en línea, según anunciaron los funcionarios de la empresa, para que pueda ser consultado por quien lo desee.

 

Por último, sería deseable que las piezas guardadas por el INAH encontraran lugar para exponerse en Yucatán. No cabe duda de que hay mucho patrimonio que podría ser expuesto para deleite de los yucatecos y de quienes vienen a visitar el Estado, con tantos museos semi vacíos.

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