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República de las Bananas

Rosarios, cuadernos de oración y votos escondidos por Eduardo Lliteras Sentíes

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Rosarios y cuadernillos de oración por delante los grupos ultra conservadores –que se dicen mayoritarios, pero que en realidad no lo son- tomaron el congreso yucateco desde temprano. En el congreso de Yucatán se dio una paradoja preocupante: los diputados escondieron sus manos y sus votos, su forma de pensar, mientras representantes de una religión utilizaron el legislativo para rezar, vestidos con camisetas de la Guadalupana y bien provistos de rosarios y cuadernos de oración. Abarrotaron las gradas del circo legislativo, en que se convirtió el congreso, entre gritos estentóreos de “¡no!” y aplausos y porras ante la victoria del rechazo a ampliar, ante la ley, la pluralidad familiar existente en Yucatán. Presionaron y obtuvieron, rezos de por medio, que continúe la exclusión y discriminación por prejuicios supuestamente inspirados en una religión.

La movilización inició desde primera hora e incluyó cartulinas que fueron desplegadas en la sesión del congreso con caras largas y enojadas dirigidas a los legisladores. Si bien hubo presencia de personas y activistas de ambos bandos (incluidas banderas multicolores y cantos), la realidad es que la presencia de los grupos contrarios al matrimonio igualitario fue mayoritaria.

La presión de orden religioso –con señoras rezando de rodillas a la entrada del pleno del congreso- en un ámbito constitucionalmente laico incluyó gritos y voces furiosas con dedos flamígeros dirigidos contra los diputados y a quienes viven de manera distinta a los cánones de algunos.

De hecho, durante la sesión, hubo un diputado que aseguró que fue objeto de amenazas. Tal fue el caso del perredista, Alejandro Cuevas, quien no especificó más. Pero el miedo a encarar a la opinión pública fue el argumento principal esgrimido por un confuso y muy nervioso presidente de la mesa directiva, quien se equivocó repetida y gravemente, afirmando que había ganado el sí a la reforma impugnada por el Frente Familiar y la Iglesia Católica.

Casi temblando como un flan, Enrique Castillo Ruz, rectificó a punto de tirar al piso los votos de los diputados, los que se habían esforzado por esconder el momento en que trazaron el “sí” o el “no”.

La operación en el congreso contra la iniciativa de reforma del matrimonio igualitario, incluyó, además de la movilización, el voto secreto, oculto, de los legisladores, preparado con toda premeditación desde días antes.

Sin embargo, evidentemente, el “no” se impuso gracias a las dos principales bancadas del congreso: el PRI-Verde y el PAN. El único diputado del PANAL aseguró que él votó a favor; que su partido, con la maestra de vuelta, es liberal.

La realidad es que sin la oposición de una parte fundamental de ambas bancadas mayoritarias el no, no se habría impuesto.

La primera evidencia de que el PRIAN operó el “no” estuvo en su silencio durante la sesión, en la que en cambio sí se expresaron las bancadas de Morena y Movimiento Ciudadano, con dos impecables y bien argumentados discursos a favor del “sí”. Hay que puntualizar que según fuentes de Morena, un diputado de dicha bancada votó en contra de la iniciativa.

Paradójicamente, la diputada panista Rosa Adriana Díaz Lizama, quien fue la que exigió se procediera con celeridad con el voto secreto, fue la primera y casi la única en ostentar públicamente su “¡no!” tras votar, ante un público mayoritariamente ultra conservador, consciente de que las gradas le eran favorables.

Las actitudes de Díaz Lizama fueron de llamar la atención. Toda la sesión demostró un talante molesto, con el rostro encendido, tenso, al grado de exigir, con el dedo enhiesto  que los foto reporteros fueran desalojados del lugar donde se ubicaban con el argumento de que estaban fotografiando el voto al momento de cruzar las boletas los diputados.

La ausencia de la diputada panista Katia Bolio –de nueva cuenta inexplicable- también huele a exilio forzado ya que es la única panista a la que se le conocen posiciones a favor de la diversidad. Y curiosamente no estuvo presente.

El clima surrealista del congreso fue coronado por un Santa Claus riéndose en Facebook, publicado por Díaz Lizama, la que lo borró después. Y diputados consultando todo el tiempo el teléfono móvil, las redes sociales, como sucedió con un diputado de Morena.


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