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República de las Bananas

Cholul pierde su vivero y su cordura por Eduardo Lliteras Sentíes

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Cuando compré en Cholul frente al vivero “Las Orquídeas” una casa ya construida con vista a las palmeras y árboles impresionantes altos 30 metros nunca pensé que el propietario estuviera planeando deshacerse de ese maravilloso bosque, para que construyeran más casas e inclusive una gasolinera, como las muchas que han envenenado la vida de tantos meridanos en los últimos años. Jamás imaginé que muchos pensaran que esos seres majestuosos --que él había plantado en esa manzana convertida en un bosque único en la zona—no valían nada. Hablamos de un bosque habitado por especies raras de palmeras, no sólo de la región sino de otras partes del mundo.

El vivero de Cholul era recordado por muchos habitantes de Mérida con cariño ya que inclusive en una época hubo un pequeño zoo. Árboles, como los flamboyanes amarillos, aún existentes, llameaban con sus flores, entre los flamboyanes rojos y otros árboles poblados de colores que con su transpiración mantenían fresco Cholul.

En la impresionante espesura de tantas especies vegetales se posaban o habitaban aves de todo tipo incluidas zarigüeyas que en alguna ocasión sorprendí balanceándose de palmera en palmera para comer sus frutillos con una agilidad casi mágica. Aún hoy, en lo que queda, se observan aves de rapiña, loros, carpinteros, pájaros Toh, colibríes, entre otras muchas avecillas de coloridos pechos de tonos naranja, amarillo y azul con negro.

En las noches, el canto de centenares de sapos, ranas e insectos puebla aún la noche de la zona aunque cada día se escuchan menos, ante el avance de la tala, del escombro que han comenzado a verter dentro de lo que era una parte importante del vivero y por la construcción de nuevas viviendas.

Ante tal espesura arbórea y belleza, insisto, propusimos al propietario de origen canadiense y al entonces alcalde de Mérida, Renán Barrera Concha, que el vivero se convirtiera en un jardín botánico y en un huerto urbano. Decíamos que era un pulmón urbano de la comisaría de Cholul, un auténtico bosque, repleto de vida. Había la posibilidad de que a través de la Semarnat se obtuviera financiamiento por la preservación de la tierra y de los árboles, en lugar de convertirlo en cemento. Pero todo quedo en proyecto.

Y paulatinamente, además de quemar árboles, envenenarlos y talarlos, el vivero ha ido perdiendo verdor y ahora quieren construir casas para lo cual inclusive un banco –de esos que dicen ser amigos de los mexicanos- ofrece crédito para adquirir lotes. Ya sabemos que para eso se pinta sola Mérida y su llamado desarrollo sustentable: se ofrecen privadas donde se pinta el paraíso arbolado para quienes se recluyan allí con sus familias. Eso sí, tras devastar toda la vegetación y los animales en aras de traer más gente a vivir a la capital yucateca, convertida ahora en El Dorado de especuladores, constructores y fraccionadores.

En semanas recientes tomaron medidas para lotificar y hace poco iniciaron la construcción de una nueva casa. Otros árboles fueron derribados.

Con cada casa, en promedio, llegan dos autos más a la comisaría. Pero en los casas de algunos pudientes de otros Estados -con rejas electrificadas, muros de 4 metros y alarmas- además de no tolerarse árboles en las aceras llegan cuatro autos o más.

La pregunta es ¿cómo circularán tantos coches en calles en las que no caben dos vehículos en sentidos opuestos. La respuesta es: En el caos y en la desesperación cotidiana de muchos conductores como ya sucede en el crucero de la 27 con la 22, ya que allí solo cabe un auto en un sólo sentido y han construido privadas con casas encimadas, en un terreno donde no quedó un sólo árbol. Los autos deben dar la vuelta con los coches que a toda velocidad se les echan encima provenientes de la calle 22 en ambos sentidos, mientras esperan puedan pasar, a que no haya autos saliendo de la misma 27. Una auténtica locura digna de la extraordinaria planeación de algún burócrata que ni Kafka imaginó.

No cabe duda. Empezar el día con un embotellamiento enfrente de tu casa, donde antes reinaba la paz y el rumor del viento en los árboles, es sinónimo de progreso, y de que la ciudad ha tomado el camino correcto. Eso es todo lo que se quiera, menos una “ciudad inteligente”.


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