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Vaticanerías

Dinero del Óbolo para los pobres en departamentos de lujo en Londres por Eduardo Lliteras Sentíes

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Recientemente el Vaticano se cimbró con la filtración de nuevos documentos en los que salió a flote un grave caso de corrupción que involucra a funcionarios de la Secretaría de Estado (hablamos de la oficina más poderosa de la Santa Sede) los que gastaron 725 millones de dólares en operaciones no registradas en libros contables. Es decir, dispusieron de esa cantidad millonaria de forma secreta y clandestina. Dichos fondos millonarios, además, provienen del fondo de caridad del Papa (el Óbolo de San Pedro, que reúne las limosnas provenientes de todo el mundo) y terminaron en inversiones en el extranjero en lugar de en obras de caridad para beneficio de los pobres.

Al menos 77% de los activos (aproximadamente 558 millones de dólares) se colocaron en sucursales suizas e italianas del banco de inversión Credit Suisse, según dio a conocer el semanario italiano L´Espresso, el que obtuvo documentos secretos de la Santa Sede.

Con una parte del dinero desviado del Óbolo de San Pedro se adquirió un edificio de apartamentos de 17 mil metros cuadrados en Londres. Se trata de una inversión de 200 millones de euros (223 millones de dólares), luego de que fracasó una transacción en una empresa petrolera en el Congo, en África, con el dinero del Vaticano.

Hablamos de un escándalo mayúsculo considerado por algunos como el Vatileaks III y que revela la compra de inmuebles de lujo en Londres con el dinero de los pobres del Vaticano.

El semanario L'Espresso publicó también en su número del 2 de octubre un dossier de 16 páginas secretas de la magistratura vaticana que justificaron un allanamiento en las oficinas de la Secretaría de Estado (es decir, dentro del corazón del Vaticano) para investigar dicha compra y otras de inmuebles por cantidades millonarias, en particular en Londres, como acabamos de señalar.

El vaticanista Emiliano Fittipaldi obtuvo documentos secretos de ambos casos. En un memo interno de la Gendarmería vaticana se daba cuenta de la prohibición de entrar al Vaticano a cinco funcionarios de la Secretaría de Estado suspendidos justamente por esta investigación.

Se trata de una información secretísima que el Vaticano pretendía mantener oculta, así como la investigación sobre la compra de inmuebles y la malversación de fondos del Óbolo de San Pedro.

Entre los funcionarios del Vaticano involucrados se encuentra don Mauro Carlino, jefe de las oficinas de la Secretaría de Estado, y Tommaso Di Ruzza, director de la oficina contra el lavado de dinero. También se menciona al cardenal italiano Angelo Becciu, ex sustituto de la Secretaría de Estado. Es decir, hablamos de peces gordos de la Santa Sede.

El informe de L’Espresso señala que otra persona está involucrada en los negocios turbios con el dinero del Óbolo de San Pedro. Se trata del padre Mauro Carlino, quien durante el pontificado del Papa en retiro, Ratzinger, se desempeñó como secretario personal del Cardenal Becciu. Es uno de los cinco empleados de la Secretaría de Estado a los que se está investigando y a los se prohíbe el acceso a la Santa Sede.

Carlino fue nombrado jefe de información y documentación en la Secretaría de Estado por el Papa Francisco este verano.

La operación financiera se realizó a través de la intermediación y negociaciones con un tiburón de las finanzas internacionales amigo de numerosos purpurados del Vaticano, el italiano Raffaele Mincione, quien se llevó una jugosa tajada por su intervención en el negocio.

El acuerdo entre Mincione y los funcionarios del Vaticano se tradujo en la compra de un antiguo almacén de Harrods en Londres con la finalidad de convertirlo en apartamentos de lujo. Los funcionarios del Vaticano y Mincione esperaban realizar un negocio redondo.

Sin embargo, cuando el mercado inmobiliario en Londres se desaceleró en 2018, el Vaticano se retiró del fondo de Mincione y compró el 55% restante de la propiedad. Es decir, Mincione se quedó con los bolsillos llenos de dinero del Vaticano (que debería haber ido a ayudar a los pobres) y dejó a los funcionarios de la Santa Sede con un negocio que al final no prosperó como había prometido.

Cabe insistir, como mencionamos al inicio del presente artículo, que la idea original era invertir 250 millones de dólares en una plataforma petrolera frente a Angola -país africano donde el cardenal Becciu había sido nuncio (embajador de la Santa Sede). Ese negocio no prosperó por considerarlo Mincione poco rentable, por lo que insistió en invertir en el edificio de Harrods en Londres.

CAJÓN DE SASTRE

Hay dos datos más que vale la pena mencionar. El informe de L’Espresso fue escrito por el periodista italiano Emiliano Fittipaldi. Como se recordará, Fittipaldi es una de las cinco personas investigadas y acusadas por el Vaticano por la publicación de documentos secretos sustraídos del escritorio del Papa y que dieron lugar al escándalo de 2015 denominado “Vatileaks II”. Fittipaldi y otro periodista fueron luego absueltos, como señalamos en su momento en nuestra columna Vaticanerías.

El segundo dato es la “renuncia” (o más bien forzada dimisión) de Domenico Giani, Comandante del Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano, tras el destape del escándalo. El ex espía Domenico Giani, llevaba 20 años cubriendo las espaldas de tres Papas, y se vio envuelto en la filtración de los documentos secretos así como en la inspección sorpresa a la Secretaría de Estado. Francisco le pidió se fuera, diplomáticamente.

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