Las reales razones del despliegue militar estadounidense en el Caribe, y de la matanza de decenas de personas (95 hasta ahora) a bordo de lanchas en la zona y el Pacífico, son los inmensos recursos naturales venezolanos y del continente, sin que falte el componente electoral ya que en noviembre de 2026 tendrán lugar las elecciones intermedias en las que se elegirán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, así como un tercio del Senado de los Estados Unidos; también tendrán lugar casi 40 elecciones para gobernador en los estados y territorios de Estados Unidos.
En efecto. La administración estadounidense usa el tema del narcotráfico como pantalla para esconder y legitimar el auténtico interés en Venezuela: su inmenso recurso petrolero en el que el gobierno chino ya metió las manos, lo que resulta intolerable para el presidente Donald Trump.
Ya se ha dicho, para empezar, que Venezuela alberga las mayores reservas de petróleo conocidas del mundo, estimadas en 303 mil millones de barriles.
No casualmente, Trump ya salió a decir que todo el petróleo venezolano le pertenece a Estados Unidos, apropiándose de los recursos de otra nación, incluidas tierras raras y activos, porque son recursos estratégicos para su supervivencia como potencia imperial-militar. Nada nuevo, a fin de cuentas, pero sí en el discurso y en las formas piratescas que simplemente hacen a un lado al derecho internacional (ya aplastado por su aliado Israel en Gaza), las instituciones internacionales, los derechos de los pueblos y el derecho a la paz en América Latina, alimentando, además, una carrera armamentista con la entrega de aviones de guerra a Argentina; otros, como Perú, aprobaron un presupuesto multimillonario para la compra de 24 aviones caza multirol modernos. Los candidatos principales para esta licitación incluyen el F-16 Block 70/72 de Estados Unidos, el Rafale F4 de Francia y el Gripen E/F de Suecia. Los peruanos también van a adquirir 54 tanques K2 Black Panther y 141 vehículos blindados K808 White Tiger a surcorea. Por su parte, Brasil está modernizando su Fuerza Aérea con los suecos Saab Gripen (F-39E/F), los que produce en su territorio. Al respecto, México, evidentemente, se encuentra totalmente desprotegido y a merced de cualquier ataque aéreo extranjero. No hay capacidad ni en tierra ni en mar de defensa del territorio y aguas nacionales.
En el caso de Venezuela estamos ante un acto de pillaje, de un asalto en descampado, con el bloqueo total para todos los petroleros que entran y salen del país sudamericano.
Evidentemente estamos también ante un mensaje para toda la región, a la que se pone bajo la amenaza del despliegue militar más grande visto en décadas, sino se arrodilla y entrega lo que exige el emperador Trump.
Aquí no se trata de legitimar o defender a un régimen. Pero es claro que Estados Unidos pretende continuar con su política del garrote, y nada más, para América Latina, mientras China ofrece una asociación económica más ventajosa que ha ido creciendo en las últimas décadas también como un contra peso a los abusos continuos del Tío Sam, habituado a los golpes de estado y ahora a las detenciones y expulsiones de muchos latinoamericanos a través de brutales razias violentas en ciudades estadounidenses, mientras exige la entrega de los recursos de la región. Y nada más.
La disyuntiva está a la vista en América Latina. La doctrina Monroe recargada o comerciar con la potencia capitalista de estado China, lo que quiere evitar a toda costa el gobierno Trump, al que ya no le gusta el libre comercio (si se trata de la presencia China o Rusia en su patio trasero) que nos vendieron el siglo pasado como la panacea que abriría el progreso con la llegada de las empresas y productos gringos. La realidad es que mientras a principios del siglo XXI, el comercio entre China y América Latina era escaso, en las últimas dos décadas se disparó: China es ahora el segundo socio comercial más importante de la región, después de Estados Unidos, aunque en el caso de Brasil y Perú, China es el primer socio comercial y Estados Unidos, el segundo. En el caso de México, la extrema dependencia, tejida precisamente a través de la obsequiosa entrega salinista del TLC primero, y del TLCAN después, nos ha puesto en una posición de extrema vulnerabilidad que está aprovechando Trump mientras amenaza todos los días con bombardeos e invasiones o incursiones militares en territorio mexicano. Ahora con la justificación del fentanilo (convertido en arma de “destrucción masiva”, como las que decían existían en Irak mintiendo descaradamente) y de los cárteles, convertidos en organizaciones “terroristas” en las que ciertamente están incrustados políticos y gobernantes de todos los niveles e instituciones. Con dichas dos definiciones, la actual administración Trump pretende tener la cobertura legal para bombardear, invadir, o ocupar militarmente.
CHINA, EL NUEVO HORIZONTE
En los últimos años, Venezuela aumentó la inversión china en su sector petrolero, mientras que las sanciones estadounidenses continúan asfixiando la principal fuente de ingresos del país. Desde 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha impuesto sanciones financieras, un embargo de exportaciones y sanciones secundarias a PDVSA, la petrolera estatal venezolana.
Las exportaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos prácticamente cesaron alrededor de 2019, y el país caribeño desvió gran parte de su comercio petrolero a China, que se convirtió en su principal comprador. Desafiando el bloqueo gringo. De allí que Trump decidiera un despliegue militar sin parangón en la región para intentar cortar el lazo sino-venezolano. Y enviar un mensaje a chinos y sudamericanos, por andar tejiendo la ruta de la seda a sus espaldas.
Los datos allí están: las exportaciones petroleras de Venezuela han mostrado una tendencia ascendente constante, alcanzando un pico reciente de 966.458 barriles por día (bpd), la cifra más alta desde noviembre de 2024, lo que marca un aumento de nueve meses. Los cargamentos con destino a China representaron el 85% de las ventas del mes pasado, con aproximadamente 60.000 bpd entregados a EE. UU. y alrededor de 29.000 bpd a Cuba, lo que añade más candela a la fórmula de Maduro, lo que tiene fuera de sí al cubano-estadounidense, Marco Rubio, al igual que las entregas petroleras del gobierno mexicano.
Pero hay más: existen informaciones de que CCRC, firma privada china, invierte mil millones y opera dos campos petroleros en Venezuela buscando producir 60.000 barriles diarios para 2026.
Se trata de la empresa China Concord Resources Corp (CCRC) la que obtuvo un modelo de contrato, introducido por el gobierno venezolano en 2020 bajo la Ley Antibloqueo para afrontar las sanciones de Estados Unidos, y que permite que los inversionistas actúen como operadores a cambio de una parte acordada de la producción, según afirman expertos en el tema.
Los campos petroleros, ubicados en la segunda mayor región petrolera de Venezuela, el Lago de Maracaibo, forman parte de un grupo de bloques para los cuales PDVSA ha estado buscando socios en los últimos años. De hecho China instaló la primera plataforma flotante para la extracción de petróleo en el Lago de Maracaibo de Venezuela.
Claro, Trump ya dijo que ese petróleo es de los Estados Unidos, o más bien, de los oligarcas, políticos voraces y accionistas de Exxon, Chevron y otras, recursos necesarios para mantener a la potencia endeudada y drogada, a flote.
Se dice que CCRC aspira a desarrollar un total de 500 pozos y aumentar la producción hasta 60.000 barriles por día para finales de 2026. Y por si fuera poco, China también ha sido un gran prestamista para Venezuela. Mientras el comercio en la región no cesa de aumentar, también gracias a la construcción del puerto de Chancay, ubicado a 75 kilómetros de Lima, y primer ‘hub’ logístico chino para la vertiente pacífica de Latinoamérica. Hasta ahora es el único puerto en la región de la naviera estatal china Cosco Shipping Ports. En Progreso, Yucatán, no pueden ni asomarse, ya andan los buques y drones gringos por la zona.
POST SCRIPTUM
Estados Unidos y China presentaron cada uno su documento guía para sus relaciones con el mundo y América Latina en particular en los próximos años.
La National Security Strategy de Trump, en la que se replica una y otra vez la palabra dominio (de los Estados Unidos, obvio), y de sus intereses por encima de cualquier otra consideración. Y el libro blanco del gobierno chino de Xi Jimping titulado “Una comunidad global de futuro compartido: Propuestas y acciones de China”. Dicho documento hace énfasis en una “paz duradera, seguridad universal y prosperidad común, haciendo realidad el anhelo de las personas de una vida mejor”, mientras que el gobierno estadounidense remarca su intención de construir el ejército más temible del planeta para imponer su voluntad y dominio sobre recursos naturales y países de América Latina. Dos caminos para los latinoamericanos.








