El ejército de Estados Unidos capturó el miércoles un petrolero con bandera rusa que estaba siendo custodiado por un submarino ruso, después de perseguirlo durante más de dos semanas. La captura, fue presumida por autoridades estadounidenses que destacaron el seguimiento del buque a través de las procelosas aguas del Atlántico con la participación de la Guardia Costera estadounidense. El gobierno Trump lo justificó aduciendo que se trata de los esfuerzos de Washington para bloquear las exportaciones de petróleo venezolano, petróleo que obviamente no devuelven y que pasa a manos directas del Tío Sam. Es decir, un asalto al estilo de los forajidos de Río Frío, descritos por el escritor mexicano Manuel Payno, o de los corsarios que azotaron el Caribe con el apoyo y patente de corso de la monarquía británica.
Como habíamos dicho en anteriores columnas, tras el secuestro de Nicolás Maduro -con la colaboración y traición de militares de alto rango venezolanos que no activaron las defensas en una noche de plenilunio en la que los lentos, ruidosos y pesados helicópteros Chinook eran bien visibles- los Estados Unidos reconocieron primero que no existe el Cártel de Los Soles y que el petróleo es lo que quieren de Venezuela. Así, sin máscaras carnavalescas ni baile de disfraces. Sin intermediarios, para que nos entendamos, como hacen en Siria desde hace años, ordeñando el oro negro a través de operaciones militares. Claro, también quieren las tierras raras venezolanas y sacar a los chinos y rusos del negocio del oro negro venezolano. Para empezar, aunque la jugada es más profunda y tiene que ver con el dominio global del dólar en el que Venezuela con sus reservas de petróleo e intención de Nicolás Maduro de desafiar el petrodólar (vendiendo el petróleo venezolano en yuanes chinos), no son más que un eslabón.
En efecto. Bien claro lo dice la presidenta Delcy Rodríguez de Venezuela: “Nosotros somos socios de (la estadounidense) Chevron. Pero Estados Unidos, quiere el petróleo sin pagar, y eso es robarse nuestro petróleo. Ellos ya no son potencia económica, fueron desplazados por China, y por eso Estados Unidos quiere nuestro petróleo, violando las leyes internacionales”.
Un vil hurto que obviamente no tiene nada que ver con la democracia ni con la premio nobel Machado -a quien dejaron vestida y alborotada tras ofrecer entregar todo el cuerpo y el total de las reservas petroleras venezolanas a sus padrinos gringos-.
Fue así que Trump dio un manotazo para sacar a Venezuela de lo que se estaba configurando en el cono sur americano: una potencia económica aliada de China y Rusia, en el seno del BRICS, con Brasil-Perú como la cabeza de puente principal.
Ahora, Venezuela, Argentina y Chile, ya están fuera de la jugada a través de la captura y secuestro de Maduro -al estilo del imperio romano, exhibido como bárbaro capturado por las legiones romanas entre aplausos e insultos, como se vio en las calles de Nueva York- y la victoria electoral de Milei en Argentina (apoyada por Trump y el sionismo expansionista) y la derrota de la “izquierda” en Chile y el ascenso de la extrema derecha chilena.
No hay que olvidar lo que ya dije en columnas anteriores: Brasil sigue siendo el principal socio de China en Sudamérica. De allí que Lula esté en la mira de Trump. Mientras Colombia y México, y sus gobiernos, están siendo debilitados en el tablero de ajedrez estadounidense que busca frenar el avance chino en lo que llama su hemisferio o patio trasero. Hay que echar a los chinos al mar y hacerlos retroceder hasta el Mar de China. Obviamente atacando sus posiciones también en África. Mientras tanto, la CIA y el Deep State siguen moviendo sus piezas en Medio Oriente; los preparativos para acabar con el régimen de los Ayatolas podrían incluir una guerra en 2026. Al régimen iraní le están moviendo el tapete severamente con las protestas bien alimentadas por la CIA, el MI6 y el Mossad desde inicios del año.
De tal manera, con Maduro cayó el primer peón en la guerra global por el dominio estadounidense, desafiado en el frente de Ucrania por los rusos; guerra proxy para debilitar a los rusos (y desmantelar el basto territorio ruso en centenares de pequeñas repúblicas bananeras como ha dicho Kara Kallas, ministra de exteriores de la Unión Europea) que entra en su cuarto año. Los rusos, por cierto, perdieron su posición en Siria el año pasado y ahora en Venezuela, mientras continúan los ataques en el mar a la flota rusa llamada fantasma, sin importar, claro, las consecuencias ambientales, las que nadie menciona por cierto.
En jaque, como dije, se encuentra el predominio y supremacía económica y militar estadounidense a través del exitoso BRICS (conformado inicialmente por Brasil, Rusia, India, China y ahora con Sudáfrica, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Etiopía). El BRICS ha ido mermando el dominio del dólar como moneda de reserva internacional, con la que Estados Unidos financia y mantiene su desorbitada deuda fuera de control desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y claro, su aparato militar y de inteligencia con el que garantizan su dominio global.
El BRICS Pay, es un sistema de pago transfronterizo en desarrollo entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS+) para permitir transacciones en moneda local y reducir la dependencia del dólar estadounidense y de su sistema de intercambio SWIFT (del que fue sacada Rusia tras la invasión de Ucrania).
Lula y Brasil están a la cabeza de su impulso que en el presente año debería dar un paso fuerte en su consolidación con sistemas de pago seguros y transparentes e impulsar la independencia financiera del dólar y de los Estados Unidos. Y en el 2030 buscar una moneda común. Como el euro.
La iniciativa, recalco, busca facilitar las transacciones sin conversión al dólar estadounidense, fomentando el uso de monedas locales dentro del bloque y eludir los chantajes y la guerra financiera.
De seguir concretándose el imperio global estadounidense podría verse en severos problemas. Y colapsar por el peso de la deuda pública estadounidense la que en 2024 fue de 33.120.182 millones de euros o 35.837.858 millones de dólares; según datos oficiales creció 2.305.939 millones desde 2023 cuando fue de 30.814.243 millones de euros, 33.328.069 millones de dólares.
Es decir, el imperio está siendo minado desde sus cimientos por la poderosa corriente del comercio y del ascenso de la potencia china, la que ha puesto “en jaque” al dólar como moneda de reserva global debido a factores como la creciente deuda de Estados Unidos, que ya mencionamos, así como por el uso geopolítico del dólar para aplicar sanciones y el aumento del poder económico de otras naciones. China es el último objetivo en éste conflicto que se desarrolla en varios frentes, Ucrania, Venezuela, Medio Oriente, Gaza-Irán. En 2026 veremos más capítulos.









