Grupo Habita inauguró el Hotel Sevilla ubicado en el Centro Histórico, en ceremonia que encabezó la presidenta municipal Cecilia Patrón Laviada.
“Mérida está a la altura de este tipo de proyectos, de los nuevos retos que impone la actividad turística. No es casualidad que nuestra ciudad sea reconocida como una de las mejores de México para visitar, vivir e invertir”, dijo la alcaldesa.
Agradeció la confianza de Grupo Habita, por entender y sumarse a este desarrollo económico de Mérida, por creer en el trabajo de su gente y por apoyar a las familias meridanas con empleos.
El hotel, una casona reinventada por el estudio interdisciplinario Zeller & Moye, está ubicado en la calle 62 entre 63 y 65, y cuenta con 21 habitaciones, bar, alberca, sauna, cenote y servicio de masajes.
Entre los asistentes estuvieron Carlos Couturier, socio fundador de Grupo Habita; Moisés Micha, socio fundador; Claudia González Góngora, presidenta del Consejo Coordinador Empresarial, y Armando Casares Espinosa, secretario técnico de la Unidad de Turismo del Ayuntamiento de Mérida.


Ubicado en una casona reimaginada en el corazón del centro histórico de Mérida, Hotel Sevilla es la más reciente apertura de Grupo Habita. Fiel a su tradición de colaborar con un equipo creativo distinto en cada proyecto, el grupo confió en el estudio interdisciplinario Zeller & Moye el diseño arquitectónico y de interiores. Intervenciones contemporáneas en concreto —como la alberca, el bar y una escalera helicoidal— conviven con los elementos originales del edificio, revelados a través de un minucioso proceso de rescate y restauración.
Un claustro de doble altura alberga dos propuestas gastronómicas: una cantina mexicana de espíritu relajado y un bistró más formal, ambos distribuidos en amplios patios. Las habitaciones, de líneas limpias y materiales sobrios, junto con un spa inspirado en tradiciones ancestrales de bienestar yucatecas, ofrecen un refugio sereno frente al ritmo del centro de la ciudad.
Construida originalmente en el siglo XVI como residencia privada y posteriormente convertida en hotel, esta casona de esquina —monumento histórico cercano a la Plaza Grande— se encontraba prácticamente en ruinas cuando Grupo Habita la adquirió hace siete años. En un gesto de respeto al pasado, Christoph Zeller e Ingrid Moye conservaron la fachada y la traza colonial del edificio.
“Como grupo somos conocidos por recuperar espacios olvidados y darles nueva vida”, explica Carlos Couturier, cofundador de Grupo Habita. “Hemos mantenido la esencia del lugar, incorporando confort y elementos contemporáneos que miran hacia el futuro. Queremos recrear esa experiencia de ciudades como Cartagena o La Habana, donde todo sucede a una distancia caminable.”
El acceso conduce a un lobby luminoso con pisos de piedra, muros encalados y un mostrador de concreto que anticipa el lenguaje del proyecto. Desde ahí se abre el patio central, núcleo social del hotel, sombreado por almendros y conectado visualmente por una escalera helicoidal de concreto que conduce a un bistró de 24 lugares. En este espacio se sirve una propuesta franco-mexicana para desayunos y una cena de menú fijo que cambia diariamente según el mercado, bajo la dirección de la chef francesa Marion Chateau.
Los corredores claustrales, con techos y puertas de maderas tropicales conservadas, conducen a 17 habitaciones y cuatro suites, todas distintas en forma y tamaño pero unificadas por una misma paleta de materiales: pisos de cerámica pulida pintados de negro, mobiliario a medida en maderas locales, luminarias del diseñador mexicano Luca Salas y textiles de henequén tejido a mano. Cada habitación incluye un video de bienvenida que funciona como concierge virtual, además de una playlist del hotel accesible vía QR.
En la parte posterior del predio, donde antiguamente se encontraban las caballerizas, se desarrolló un segundo patio más privado con una alberca de concreto. “Decidimos utilizar concreto colado en sitio como lenguaje común para todas las nuevas intervenciones, diferenciando claramente lo contemporáneo de lo histórico”, señalan Zeller & Moye. La alberca se divide en dos profundidades, separadas por un muro de piedra existente con un paso para nadar entre ambos espacios.








