Eduardo Lliteras Sentíes .- Dante Alighieri puso en el infierno a los papas Clemente V y Giovanni XXII. No fue un capricho: Allí los vio arder por su sumisión al poder del rey de Francia.
La sumisión llegó a tal punto en esos años que los papas, todos franceses, eran elegidos en territorio francés, en Carpentras y Avignon, donde se realizaron cónclaves. En efecto. La sede pontificia abandonó el Vaticano y se transfirió a Francia, errando entre Lione, Cluny, Burdeos, Poitiers primero, para luego finalmente establecerse en Aviñón. Fue un periodo oscuro: mientras en Aviñón se establecía la corte pontificia durante casi setenta años, Roma decaía en lo que fue un periodo de cautiverio en manos del poder imperial francés, entre los años de 1309 y 1376. Fueron siete papas los que no residieron en Roma, sino a orillas del Ródano, en Aviñón en lo que algunos llaman el “segundo cautiverio de Babilonia”.
El tema salió a colación luego de que circularan versiones de que el gobierno estadounidense, la administración Trump, habría amenazado al Vaticano con un tercer cautiverio del papado. Nada menos.
La versión primero circuló en “Free Press”. El periodista Mattia Ferraresi, en un artículo publicado el 6 de abril, escribió que el subsecretario de Defensa, Elbridge Colby, había convocado al cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico en Estados Unidos, al Pentágono. El artículo afirmaba que un funcionario estadounidense llegó incluso a invocar el Papado de Aviñón. Es decir, el período que mencionamos en el que la corona francesa utilizó su poder militar para dominar a la autoridad papal, nombrar purpurados y papas franceses, obligarlos a vivir y morir en Francia, en Aviñón, como señalamos, y tomar decisiones a conveniencia del rey de Francia. Según Ferraresi, los funcionarios estadounidenses estaban irritados con el papa León XIV, primer estadounidense en ser nombrado pontífice en la historia, quien en su primer discurso al cuerpo diplomático el 9 de enero de 2026, abogó por una “paz desarmada y desarmante”, basada en el diálogo y la verdad en lugar de la fuerza armada, en lo que fue considerada una alusión directa a la política exterior de la administración Trump, tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
En realidad, el discurso del papa (con el embajador estadounidense ante el Vaticano presente) fue demoledor con el gobierno de Trump, sin citarlo formalmente: “En nuestro tiempo, la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional. La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de «la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres». [4] En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”.
El trascendido de la reunión de altos funcionarios de defensa estadounidenses con el nuncio del Vaticano en el Pentágono, fue retomada por el medio estadounidense, “New Republic”, en un artículo de Ellie Quinlan Houghtaling, quien la describió “como una dura reprimenda que advertía que Estados Unidos tiene el poder militar para hacer lo que quiera, y que la Iglesia haría bien en ponerse de su lado”. Tales advertencias habrían sido tomadas muy en serio por la curia vaticana al grado de cancelar el viaje del papa Prevost, nacido en Chicago, a Estados Unidos. Nada menos.
Según dicha versión, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y otros altos funcionarios del Pentágono, se sintieron particularmente ofendidos por ciertas partes del discurso del pontífice estadounidense del 9 de enero del presente año 2026.
Cabe recordar que Pete Hegseth, tiene un gran tatuaje de la Cruz de Jerusalén en el centro de su pecho, símbolo medieval, ligado a las Cruzadas, en las que las carnicerías fueron frecuentes, incluido el canibalismo de musulmanes, como narró el escritor libanés, Amín Maalouf, en su libro “La Invasión”(Alianza Cien, 1994, Ciudad de México): “En Maarat, los nuestros cocían a paganos adultos y se los comían asados”, cita en referencia a los “Frany”, los cruzados, que irrumpieron en Constantinopla y Oriente Medio en 1096.
Cruzadas, en la que también fue frecuente la ejecución de cristianos, como ocurrió durante el saqueo de Constantinopla en abril de 1204, durante la Cuarta Cruzada, en la que los ejércitos cruzados occidentales y venecianos tomaron y saquearon la capital bizantina, en lugar de atacar Tierra Santa.
¿Pero qué fue lo que dijo el papa León XIV, que irritó tanto a los neocruzados de la administración Trump y cristianos sionistas? En realidad, Prevost, fue contundente: “quisiera llamar especialmente la atención sobre la importancia del derecho internacional humanitario. Su cumplimiento no puede depender de las circunstancias ni de intereses militares y estratégicos. El derecho humanitario, además de garantizar un mínimo de humanidad durante los estragos de la guerra, es un compromiso que han contraído los Estados. Dicho derecho debe prevalecer siempre sobre las ambiciones de los beligerantes, con el fin de mitigar los efectos devastadores de la guerra y con vistas a la reconstrucción. No podemos ignorar que la destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, viviendas y lugares esenciales para la vida cotidiana constituye una grave violación del derecho internacional humanitario. La Santa Sede reitera firmemente su condena de involucrar a los civiles en operaciones militares, de cualquier manera. Asimismo, espera que la comunidad internacional recuerde que la protección del principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional”. La alusión, clara, al genocidio en Gaza, es evidente. Y ahora queda como anillo al dedo -como diría el clásico- en el caso de los ataques al Líbano y a Irán.
Según New Republic, “ésta flagrante táctica de intimidación es la primera de su tipo empleada por funcionarios estadounidenses contra la Iglesia Católica. No existen registros públicos de reuniones previas entre el Vaticano y funcionarios estadounidenses en el Pentágono, y mucho menos de un caso en el que la potencia mundial sugiriera que podría obligar al obispo de Roma a permanecer cautivo”.
“El Vaticano quedó tan alarmado por la advertencia del Pentágono que el papa León XIII canceló su visita a Estados Unidos prevista para finales de año, según informó Hale, quien señaló que «muchos en el Vaticano interpretaron la referencia del Pentágono a un papado en Aviñón como una amenaza de usar la fuerza militar contra la Santa Sede»”.
Las tensiones no se habían aliviado para febrero, cuando la Santa Sede rechazó la invitación de la Casa Blanca para recibir al papa León XIV con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos en julio. En su lugar, el líder católico tiene previsto visitar un lugar muy diferente el 4 de julio: la isla italiana de Lampedusa, ubicada entre Túnez y Sicilia, sitio en el que se apiñan miles de inmigrantes del norte de África, en su búsqueda del sueño europeo.
Es muy claro que el papa Prevost no eligió esa fecha por casualidad, el día patrio por excelencia de los Estados Unidos.
Aquí hay que poner mucha atención, ya que las maniobras contra el actual papado, podrían incluir movimientos cismáticos además de los conciliábulos diabólicos de Peter Thiel, multimillonario tecnológico y cofundador de PayPal/Palantir, quien en marzo llevó a cabo una serie de seminarios exclusivos y privados en el histórico Palazzo Taverna en el centro de Roma, centrándose en el concepto del Anticristo y su relevancia en el mundo contemporáneo, como dimos a conocer en un artículo publicado en marzo.
Post Scriptum
Es claro el desencuentro, entre el Vaticano y la administración Trump, el que ya escaló al nivel teológico. Otra pista la dio el sacerdote jesuita estadounidense, James Martin, editor de la influyente e histórica revista estadounidense, “America”, quien comentó las declaraciones del secretario de Guerra, Pete Hegseth, agradeciendo a “dios” por la guerra en Irán : “Dios merece toda la gloria. Decenas de miles de salidas, reabastecimientos y ataques, realizados bajo la protección de la providencia divina. Un esfuerzo masivo con una protección milagrosa”.
El jesuita le respondió en la red social X: “Entonces, ¿Dios solo ama a las tropas estadounidenses? ¿No a las personas inocentes que perdieron la vida en Irán? ¿Dónde estaba la “protección milagrosa” de Dios para ellas? Este es el resultado inevitable de creer que Dios está de “nuestro lado”. Es crear un dios falso a nuestra imagen: un dios que desprecia a los iraníes”.
“Dios falso”, el de Pete. Nada menos.
Cajón de Sastre
Las amenazas de la administración Trump, podrían quizá, materializarse azuzando conflictos cismáticos en el actual papado. Como ocurrió, precisamente, cuando el último de los papas de Aviñón, Gregorio XII, decidió regresar a Roma y establecerse de nuevo allí. A su muerte el papado se dividió generando un cisma, luego de que dos pontífices se disputaron la tiara: Urbano VI en Roma y Clemente VII en Aviñón. El cisma duró cuarenta años y alumbró varios antipapas. En Estados Unidos hay varios purpurados con inclinaciones en ese sentido, como el exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, quien pidió públicamente la renuncia del papa Francisco, por ejemplo. O el ultraconservador estadounidense, Raymond Leo Burke, quien era el candidato del presidente Trump al trono de San Pedro.













