El problema del rechazo a la reubicación de ambulantes en Chichén Itzá se torna más complejo y el control empieza a salirse de las manos de las autoridades estatales y federales: ahora los artesanos y comerciantes aprovecharán los espacios que sus homólogos dejaron para irse al Centro de Atención al Visitante (Catvi) del sitio sin que tengan la oportunidad de retornar al interior de la zona arqueológica, cuya reubicación es ajena a las disposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), según dijeron. Los ejidatarios insisten en que han perdido el negocio de sus tres estacionamientos ubicados en el viejo parador. Los ambulantes, inclusive amenazaron con que la paz podría romperse y ellos instalarse en las mismas pirámides.
E incluso, el comisario ejidal de Pisté, Marcos Manuel May Matos, advirtió que convocará a una asamblea para impedir el cierre del Parador Turístico de la zona arqueológica, ya que el inmueble está en tierras ejidales y la inactividad afecta a 600 integrantes de la comunidad. Como se sabe, los ejidatarios cobran por estacionarse en la zona del parador, y ahora con el nuevo Catvi se quedaron sin ese ingreso diario.
A pesar que el gobierno del Estado y el INAH anunciaron la posibilidad de la reapertura de Chichén Itzá, cerrada desde el pasado martes 19 “por mantenimiento”, no hubo un acuerdo en la mesa de diálogo. los ambulantes rechazan los planteamientos del gobierno federal.
Los funcionarios fueron duramente cuestionados por los representantes de los vendedores ambulantes, artesanos y guías de turistas que en un número superior a los 2000 pululan en la zona arqueológica: “¡Ustedes tienen una doble moral, no sean hipócritas ni cínicos, no vinieron a tomar acuerdos, vinieron a imponer, pero no vamos a agachar la cabeza¡. ¡Ustedes están provocando el problema, y si quieren paz, abran el parador!”, afirmó Teresa de Jesús Díaz Santamaría al atacar y cuestionar la postura del secretario general de Gobierno, Omar Pérez Avilés, y la coordinadora nacional de Centros INAH, Anna Goycoolea Artís. De trasfondo, los poderosos intereses económicos que generan miles de turistas que visitan diario la zona arqueológica.
En esta ocasión, la sede de la mesa de diálogo fue el Campamento Arqueológico del INAH en Chichén Itzá. Fueron los integrantes del Consejo Indígena de Gobierno del Pisté-Chichén Itzá quienes se levantaron de la mesa al afirmar que no permitirán que el INAH influya en las decisiones y en la organización de esta asociación, a pesar que las autoridades señalaron que vienen negociando con los ambulantes desde hace un año.
“El orden nosotros lo ponemos, los que se fueron al Catvi no volverán a la zona arqueológica, los compañeros que dejaron su silla, perdieron su silla… ahora presumen que les va bien, que bueno, se respeta, ellos comen carne ahora, pero ya no podrán regresar a dentro de Chichén Itzá”, aseveró Pablo Euán.
Pérez Avilés, en numerosas ocasiones insistió en que los artesanos y vendedores desean mantener su espacio en el sitio, “en dado caso de que las cosas no vayan bien dentro del Catvi”, y la respuesta siempre fue la misma “¡no!, ya que por decisión propia y luego de analizarlo, decidieron irse y ahora presumen el éxito que tienen”.
A los funcionarios se les advirtió que los espacios serán distribuidos entre los que se mantienen dentro del sitio, y en diversas ocasiones, Goycoolea Artís pidió que les señalara la reubicación que tendrán, primeramente a través de un croquis, y luego por un recorrido por el lugar, y la respuesta siempre fue tajante: “es una decisión de los artesanos y comerciante, no del INAH”, ni de las autoridades, según dijeron.
En numerosas ocasiones, los inconformes pidieron que se abra la zona arqueológica para que puedan trabajar y garantizaron “ya pasó lo más grave. Nosotros ponemos el orden, y nadie se dará cuenta de la diferencia”, y sin decir más, optaron por levantarse luego de casi dos horas que duró la mesa de diálogo.















