Una niña (de 10 años, de 40 kg y 1.20 mts de altura) dio a luz en el hospital de la mujer, pero debido a su edad y complicaciones posteriores, tuvieron que ser trasladados a el Hospital de Las Culturas. La niña presenta aplastamiento de vejiga y la uretra, así como lesiones en otros tejidos internos debido a la inmadurez física. El nacimiento fue 2 semanas antes del término de gestación y un largo trabajo de parto. Chiapas lidera la lista nacional de embarazos infantiles. En 2024 se registraron 864.
Comunicado Reinserta.- En días recientes, una niña de 10 años dio a luz en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, dándose a conocer que tanto ella como el recién nacido se encuentran en un estado grave de salud, tras atravesar un parto que puso en riesgo su vida. Durante su ingreso al hospital, una persona de 18 años se presentó como su esposo, a pesar de que la ley mexicana establece que el matrimonio sólo puede celebrarse cuando ambas partes son mayores de edad. Este caso confirma que el embarazo infantil es siempre consecuencia de abuso sexual y una forma extrema de violencia contra las infancias.
Este caso adquiere especial gravedad al ocurrir en Chiapas, entidad que se mantiene entre los primeros lugares a nivel nacional en embarazos infantiles. La reiteración de estos hechos demuestra que la violencia sexual contra las infancias no está siendo detectada ni detenida de manera efectiva por las autoridades responsables. Cuando una práctica ilegal y violenta se repite, deja de ser un error y se convierte en una omisión estructural.
Detrás de cada embarazo infantil hay una historia de abuso, silencio e impunidad, así como falta de detección, intervención y acción temprana. Erradicar esta forma extrema de violencia exige fortalecer la prevención del abuso sexual en escuelas y comunidades, garantizar educación sexual integral, asegurar servicios de salud oportunos y mecanismos eficaces de denuncia, así como brindar atención médica, psicológica y legal inmediata y especializada a las víctimas, junto con una protección efectiva frente a cualquier contacto con sus agresores. No obstante, la respuesta del Estado no puede limitarse a la sanción, sino que debe incluir programas de intervención, rehabilitación y reinserción dirigidos a agresores sexuales. La violencia sexual contra las infancias no admite respuestas parciales, tardías ni incompletas, lo que nos obliga a mirar esta problemática desde una lógica de prevención de la reincidencia.









