Eduardo Lliteras.- El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, mintió y acusó falsamente a Francesca Albanese (Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967) de realizar afirmaciones “antisemitas”, haciéndose eco de una vídeo manipulado a través de inteligencia artificial. Barrot encabezó el ataque desde varios gobiernos europeos contra la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese. En Europa, la persecución de quienes piensan diferente a la propaganda militarista y genocida en Palestina o Ucrania, ha tomado tintes sorprendentes, como es la muerte civil, es decir, el congelamiento de propiedades, cuentas de bancos, de la posibilidad de viajar. La “muerte civil” (civiliter mortuus), como explican juristas, es una sanción legal que implica la pérdida de derechos civiles y políticos con la justificación de ciertas acciones del individuo. Ahora, se está imponiendo a quienes externan opiniones distintas a las posturas oficialistas en conflictos militares como el de Ucrania o que cuestionan el genocidio en Palestina.
En efecto. La italiana Albanese, quien ya ha sido puesta en la mira por el gobierno de Donald Trump, impidiéndole abrir o tener una cuenta de banco, nunca dijo que el “enemigo fuera el pueblo o la nación israelí” ni tampoco ha justificado el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, como acusó falsamente Barrot.
Así es. Albanese publicó su intervención en el foro celebrado la semana pasada en Catar en su cuenta de X, junto a un mensaje en el que señalaba que el enemigo común de la humanidad es el «sistema» y no Israel.
«El enemigo común de la humanidad es el sistema que ha permitido el genocidio en Palestina, incluido el capital financiero que lo financia, los algoritmos que lo ocultan y las armas que lo posibilitan», expuso la relatora de la ONU.
En el foro de Doha, Albanese también dijo que “el hecho de que, en lugar de detener a Israel, la mayor parte del mundo lo haya armado, dándole excusas políticas, amparo político y apoyo económico y financiero, es un desafío. El hecho de que la mayoría de los medios de comunicación occidentales hayan amplificado la narrativa genocida y pro-apartheid es un desafío”.
“Nosotros, que no controlamos grandes cantidades de capital financiero, algoritmos y armas, ahora vemos que, como humanidad, tenemos un enemigo común, y que el respeto a las libertades fundamentales es la última vía pacífica, la última herramienta pacífica que tenemos para recuperar nuestra libertad”, añadió Albanese.
La polémica comenzó en Francia, donde la diputada sionista Caroline Yadan aseguró en una intervención ante la Asamblea que Albanese había calificado a Israel de «enemigo común de la humanidad» durante el foro de Al Jazeera celebrado el fin de semana pasado en Catar en el que la relatora intervino telemáticamente.
Claramente se trata del enésimo ataque, con acusaciones falsas, para defenestrar a la incómoda relatora, una de las pocas voces que quedan en el planeta que disiente de la propaganda que justifica el genocidio en Palestina y la continua matanza de civiles, a través de los bombardeos, del hambre y las enfermedades.
La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, lo dijo claramente cuando afirmó que “es reprensible que ministros de Austria, Chequia, Francia, Alemania e Italia hayan atacado a la Relatora Especial de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, basándose en un vídeo deliberadamente truncado para tergiversar y malinterpretar gravemente sus mensajes, como se desprende de ver su discurso original completo”.
Agnès Callamard también dijo que “los ministros que han difundido desinformación deben ir más allá de simplemente borrar sus comentarios en redes sociales, como algunos han hecho. Deben disculparse públicamente y retractarse de cualquier petición de renuncia de Francesca Albanese. Sus gobiernos también deben investigar cómo se produjo esta desinformación para prevenir este tipo de situaciones”.
“Ojalá estos ministros hubieran sido tan firmes y contundentes al confrontar a un Estado que comete genocidio, ocupación ilegal y apartheid como lo han sido al atacar a un experto de la ONU. Su cobardía y su negativa a exigir responsabilidades a Israel contrastan marcadamente con el compromiso inquebrantable del Relator Especial de decir la verdad al poder”, añadió Agnès Callamard.
Por su parte, los abogados franceses de Albanese denunciaron que Barrot atribuyó falsamente declaraciones a la relatora y que la cita errónea la expuso a ataques públicos y a riesgos personales. Los ataques de Barrot siguieron al anuncio de Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos, del año pasado cuando dio a conocer que imponía “sanciones a la Relatora Especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Francesca Albanese, por sus esfuerzos ilegítimos y vergonzosos para impulsar acciones a través de la Corte Penal Internacional contra funcionarios, empresas y ejecutivos de Estados Unidos e Israel”.
“La campaña de guerra política y económica de Albanese contra Estados Unidos e Israel ya no será tolerada. Siempre apoyaremos a nuestros socios en su derecho a la legítima defensa”.
Rubio afirmaba también que “Estados Unidos seguirá tomando las medidas que consideremos necesarias para responder a la guerra legal y proteger nuestra soberanía y la de nuestros aliados”.
Tras las sanciones anunciadas por Marco Rubio, la señora Albanese no puede usar una tarjeta de crédito, alquilar un coche o abrir una cuenta bancaria. Su hija estadounidense podría enfrentarse a una multa de 1 millón de dólares por hacerle un simple regalo. Es la primera funcionaria de la ONU sancionada en 80 años.
Albanese lo ha explicado con claridad: “En los últimos siete meses no he podido acceder a mi cuenta bancaria, a mis ingresos, porque ningún banco en el mundo puede ayudarme. Necesito que un Estado me garantice ese derecho, que asuma la responsabilidad de decir a los bancos: “Nosotros respondemos por ella””.
“Basta con que un país haga lo correcto para frenar estos abusos. ¿Por qué tengo que ser tratada como una terrorista, como una narcotraficante, siendo además una persona de la ONU?”, añadió Albanese.
Claramente, a la relatora especial de la ONU Francesca Albanese no le perdonan revelar las decenas de empresas que, según ella, se han beneficiado del genocidio de Israel en Gaza. El informe de Albanese para la ONU, titulado “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”, va más allá de los conocidos señalamientos contra los fabricantes de armas sino que señala a instituciones financieras, educativas y empresas tecnológicas, entre ellas Alphabet Inc. (Google), Amazon, IBM, Palantir y muchas otras, de medrar y beneficiarse con la destrucción de Gaza y su población.
Post Scriptum
La campaña contra Francesca Albanese no solo sirve para deshacerse de ella, “sirve como advertencia. A otros funcionarios, pero no solo. A profesores, periodistas e intelectuales”.
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