El cambio climático ha incrementado los episodios de fuertes precipitaciones, causantes de inundaciones o graves daños, en diferentes regiones del planeta en un 12 por ciento, según un estudio, el primero en atribuir directamente al calentamiento el aumento en estos eventos extremos. La frecuencia y la intensidad de las precipitaciones extremas han aumentado a nivel global desde mediados del siglo XX. Este fenómeno altera drásticamente los patrones climáticos, concentrando la lluvia en menos días y aumentando el riesgo de inundaciones severas. Inundaciones repentinas y daño urbano: Al caer grandes cantidades de agua en poco tiempo, el suelo y la infraestructura (drenaje y alcantarillado) se ven superados rápidamente. El incremento de lluvias extremas coincide con el aumento de temperatura en la capa inferior de la atmósfera debido al cambio climático
Efecto termodinámico: Por cada de aumento en la temperatura global, la atmósfera retiene aproximadamente un 7% más de vapor de agua. Esto proporciona más “combustible” para tormentas intensas y repentinas.


Cambio en los patrones globales: El calentamiento global altera corrientes atmosféricas y eleva la temperatura oceánica, lo que modifica la ruta, duración y fuerza de los ciclones tropicales y frentes fríos.
Un estudio, publicado en la revista Climatic Change y realizado por tres investigadores del Instituto Potsdam para la Investigación de los Impactos Climáticos, en Alemania, concluye que la concentración de casos de lluvias extremas en los 30 últimos años «no tiene precedentes».
Los científicos citan la gravedad de algunos de estos acontecimientos extremos como es el caso de las fuertes precipitaciones que sufrió Pakistán en 2010, que acarrearon inundaciones, cientos de muertos y provocaron una epidemia de cólera en ese país.
Lo más grave y paradójico es que toda la lluvia anual acumulada en episodios de tormentas intensas acaban produciendo sequías porque la tierra no tiene capacidad de absorber tal cantidad de agua caída en tan poco tiempo.
Los investigadores analizaron los registros de episodios de precipitaciones extremas en todas las regiones del planeta entre los años 1901 y 2010, y detectaron que hasta 1980 las variaciones naturales explican perfectamente la frecuencia de estos eventos.












