Los intermediarios de la verdad, los verdugos de lo que no puede decirse o de lo que no debe ser revelado, los censores redivivos del neo Santo Oficio de la Verdad Algorítmica Oficial. Los inquisidores de lo que gobiernos, oligarcas trillonarios y dueños del algoritmo no quieren que sepas, conozcas, te preguntes o reflexiones.
Si el algoritmo lo decide, eres desterrado del paraíso de la verdad algorítmica, condenado al ostracismo, al aislamiento cibernético, a una isla fuera de las redes sociales y servidores. Al silencio.
Resulta intolerable para el algoritmo y redes sociales de hipócritas sionistas describir la realidad, hablar de un muerto, de un asesinado, de una violación, del genocidio de un pueblo masacrado diario a bombazos, a balazos y ahogado de hambre y sufrimiento inconmensurable. El buen lenguaje para que nadie se estrese, según la dictadura del algoritmo, prohíbe numerosos términos con pitidos que salvan a las purificadas almas de los evangelistas y cristianos sionistas que sólo pueden escuchar las groserías, amenazas de aniquilación genocida e insultos racistas y misóginos de Trump. O las falsas aseveraciones mesiánico supremacistas de Bibi Netanyahu y sus amenazas de destrucción para todo aquél que cuestione a su régimen y su geopolítica de exterminio y expansión.
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“Se te fue encima un trollcenter”, me dicen.
La eliminación frecuente de vídeos o amenazas de censura en Facebook, es la forma en que intimida la red social, y su algoritmo, así como sus censores ideológicos en las sombras.
En una ocasión, por ejemplo, un vídeo que se había convertido en viral, de una abuela reclamando en la sede del Poder Judicial de Yucatán, y que tenía ya un millón de vistas, fue el pretexto para la guillotina: nos silenciaron un mes.
En ésta última ocasión, la operación cibercensura del trollcenter incluyó un reporte de un total desconocido de una página de choques de autobuses, que jamás respondió a nuestro mensaje al correo electrónico al que dijo Facebook debíamos comunicarnos, para resolver el litigio sobre presuntos derechos de autor de un vídeo cuya temática es por demás nimia: un individuo que se meó en un autobús. Un vídeo que siguió, curiosamente, a otros dos vídeos de presuntos elementos de la PEI (Policía Estatal de Investigación) robando en un presunto operativo en una colonia del municipio de Umán. La coincidencia de tiempos es llamativa y reveladora. Nunca se aclaró oficialmente la actuación presunta de agentes o si se trató de un asalto armado, por cierto.
Facebook impuso, al menos oficialmente, el castigo de quedar suspendido de su red por ese vídeo del meón subido por al menos 30 páginas de Facebook y medios de comunicación yucatecos con presencia en esa red social.
A ellos, los cancerberos de la verdad oficial y genocida, que borran, arrinconan y suspenden cuentas que hablan de los asesinatos diarios en Gaza de niños, mujeres, hombres, familias, mascotas, no les aplicaron suspensión alguna.
Pero el absurdo, o más bien, la mala obra es evidente, es joda, nos dicen. Efectivamente. En otra ocasión, hace algunos años, fuimos suspendidos por una foto de un taller mecánico especializado en mofles cuyo lema rezaba: “El Chapo, expertos en escapes”. La foto de un carro dentro de un taller y dicha frase estampada en su muro fueron suficientes para que la red y sus maniqueos censores nos acusaran de “terrorismo”.
En otras ocasiones, desde Vietnam, un celoso y presunto vietnamita reclamó derechos de autor de una música que se escuchaba durante un carnaval grabado con mi celular en Yucatán; era una cumbia. Ni manera que admitiera que no tenía ningún derecho. Vídeos oficiales del gobierno estatal o municipal o de alguna protesta, pueden ser objeto en cualquier momento de la furia censora de Facebook, Instagram o de Tik Tok, con cualquier pretexto.
Por último, mi cuenta de Google fue robada hace tiempo por un hacker experto y nadie pudo recobrarla, por lo que quedé fuera de la posibilidad de recibir regalías por el tráfico en dicha plataforma. Ni los expertos del Politécnico de Yucatán, ni los mismos representantes de Google en supuestos talleres contra el cibercrimen en Mérida, pudieron recuperarla, y eso que mostré un número telefónico y un nombre que estarían cobrando en mi lugar. Google no responde, ni responderá. Vivimos en la era de los intermediarios de la verdad. Las redes sociales fueron pensadas para excluir todo aquello que molesta a quienes dirigen guerras, aniquilan pueblos, saquean recursos y destruyen el planeta. Como una forma de inducción, manipulación, control de la verdad y censura de todo aquello que evidencia a los dueños de los servidores y de las redes sociales, que pretenden convertirse en una casta inmortal y sacerdotal, que decide qué es la verdad, qué puede decirse, que no, qué puede preservarse en la memoria digital y que no, y a fin de cuentas quién será quemado en la pira de la censura digital. Y también, como vemos en Gaza, quien vive o quien debe morir. Quién debe ser cazado como un anima.
POST SCRIPTUM
Elon Musk afirma que a partir de ahora todas las solicitudes de censura gubernamental serán visibles públicamente en el algoritmo de código abierto de X.









