Morena no ha sabido construir candidaturas con raigambre y raíces en Mérida, eso es más que evidente con los personajes que han alzado la mano hasta ahora para gobernarla desde el partido oficialista. Ha tenido que recurrir a candidaturas externas para ganar el Estado y ahora en el caso de la capital yucateca, la joya de la corona que más ambiciona el partido guinda, echa mano de un político chapulín nacido en Valladolid que no conoce la ciudad realmente, o de un conductor de televisión que, si bien nació en la capital yucateca, y tiene negocios en la urbe en el sector de la restauración, ha vivido fundamentalmente en la Ciudad de México y en Quintana Roo. Al señor le falta “pueblo” (la palabra mágica del morenismo) como le faltaba al anterior y derrotado candidato que claro, optó por irse a trabajar a la Ciudad de México, en lugar de quedarse a trabajar desde abajo la construcción de un proyecto para la ciudad en la que tienen puestos los ojos desde hace años: antes con el PRI y ahora con Morena.
Morena parece apostarle al relumbrón, a la popularidad o a las redes políticas y al capital político y empresarial de figuras que lo único que tienen supuestamente de “izquierda” es una foto ahumada -por vieja con un Andrés Manuel López Obrador de hace décadas- antes de brincar a cuatro partidos diferentes. De Morena no se sabe en dónde quedó su famoso decálogo, sus cursos de formación política con el Fisgón y, sobre todo, su presunta ideología de izquierda, más allá de los programas de Bienestar y el bacheo de calles. Es decir, su proyecto político, económico; una auténtica alternativa de desarrollo para una ciudad como Mérida donde habitamos un millón de personas, así como en los municipios conurbados en expansión.
Ese vacío se llena con conferencias de prensa, donde el guinda prevalece, con declaratorias virulentas contra la “derecha” y descalificaciones por su pasado corrupto, pero nada más. Esa “derecha”, la misma, a la que han abierto las puertas de par en par con la justificación de que todos son bienvenidos, haigan hecho lo que haigan hecho, haiga sido como haiga sido.
El pragmatismo es la piedra de toque a la que ha recurrido Morena y ya vemos el resultado por todo el país, con figuras que un día sí y otro también, caen en escándalos de enriquecimiento inexplicable, nexos con bandas delincuenciales, viajes en jets privados, vida de magnates y de buchonas, tráfico de huachicol, ineptitud rampante.
Trabajar una candidatura para una ciudad como Mérida desde la izquierda, tendría que ir más allá de sentarse sobre un charco, cinco minutos, en el sur de la ciudad, para grabar un vídeo. O lanzar discursos negando el derecho a existir del norte de la ciudad o prohijando invasiones de terrenos. Habría que tener la capacidad y la pasión por recorrer la ciudad, conocerla, en sus cuatro puntos cardinales y comisarías, no únicamente durante una campaña efímera sino durante años -que han tenido y han desperdiciado- para tener un mapa claro de sus necesidades; y que luego no ocurra que digan que es culpa de quienes gobernaron antes, el fallo de los servicios o los problemas que van estallando.
Ahora varios infiltrados en el gobierno de Cecilia Patrón ya se fueron. Renunciaron días antes de que Libo, el amigo de los partidos sean de color que sean, anunció su intención de gobernar Mérida, como trampolín, claro está, para brincar a la gobernatura.
Algunos dicen que la ciudad no es propiedad del PAN. Por supuesto que no, es antes que nada propiedad de sus ciudadanos. Pero hasta ahora, funciona administrativamente, a pesar de la creciente precarización de los recursos federales y de la crisis que azota como vendaval al mundo y que podría empeorar para el cierre del año.
Detentar un año o unos meses un cargo público, estatal o federal, no te capacita ni te convierte en líder de una ciudad tan compleja. Ni demuestra amor o pasión por ella. Ni te permite mucho menos conocerla o tener soluciones para los graves retos de una de las urbes más importantes del sureste o tener los estudios y la preparación suficiente. Sería de esperarse que no se viera a Mérida como un medio -hacia la gobernatura- sino como un fin, un privilegio y un orgullo gobernarla.
Es ominoso ver lo que sucede en el vecino Quintana Roo, en sus ciudades, como Cancún o Tulum. Por citar dos. Hay que tener mucho cuidado con quién se pone al frente de Mérida. Nos estamos jugando todo lo que tenemos los que aquí vivimos, tengamos el origen que tengamos.







