La Tierra tiene ya 4,6 mil millones de años. Conoció varias eras geológicas, como la más devastadora, en el Pérmico-Triásico hace 252 millones de años que diezmó el 95% de las especies marinas y el 70% de las terrestres; la arqueozoica, la paleozoica, la mesozoica, la cenozoica en la cual hace 1,8 millones de años surgió nuestro ancestro, el homo sapiens. Cada era introdujo grandes modificaciones en el planeta.
En los últimos tiempos ocurrieron tantas transformaciones que nos sugieren la inauguración de una nueva era. El primer evento fue el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón el 6 y 9 de agosto de 1945. Ello causó gran espanto y estupor en la humanidad. Pues nos apropiamos de nuestra propia destrucción. No necesitamos la intervención divina, basta la humana, para producir el armagedón. El segundo evento es la invención de la Inteligencia Artificial (IA).
La verdaderamente peligrosa es la IA Autónoma que con sus miles de millones y miles de millones de algoritmos puede tomar decisiones que ya no dependen de la voluntad humana. Ella puede asociarse a otras plataformas y decidir eliminar de la faz de la Tierra a la especie humana. ¿Cómo fue posible que hayamos delegado nuestro destino a una IA fría, insensible, cruel y asesina? Estos dos eventos son de tal gravedad que ponen en jaque la capacidad de control humano. ¿Qué ocurrió en nuestra historia para llegar hasta este eventual suicidio involuntario? Tal vez esa posibilidad esté inscrita en nuestro propio ADN.
Antropólogos, psicólogos y neurocientíficos nos han dejado claro que nuestra condición humana, tal como la conocemos, está tomada por dos fuerzas que Sigmund Freud consideraba eternas: somos seres portadores de muerte (thánatos) y simultáneamente seres portadores de vida (éros). Otros prefieren otras formulaciones como la más frecuente en Edgar Morin: somos demens y simultáneamente sapiens, vale decir estamos marcados por tendencias dementes y al mismo tiempo por tendencias inteligentes.
La teología cristiana, desde su origen, habla de que somos al mismo tiempo justos y pecadores (simul iustus et peccator), hasta el más perfecto y santo de los seres humanos. El desafío humano es mantener estas fuerzas constructivas/destructivas bajo un severo control, de forma que predomine la dimensión inteligente/sapiens sobre la demens/mortal, sabiendo que esta jamás puede ser eliminada pero mantenida bajo la regencia del sapiens.
El ser humano es un ser complejo, imposible de encajar en algunas categorías. Él no tiene cuerpo. Él es cuerpo todo entero animado (no es un cadáver) como forma de estar presente en el conjunto de las relaciones en este mundo y en el proceso cosmogénico. Él es totalmente mente, vale decir un ser con interioridad, habitado por pasiones, impulsos, siendo el mayor, el deseo, arquetipos ancestrales que guardan la memoria de las experiencias humanas, de las más felices a las más trágicas.
El gran desafío es mantener ese universo interior en equilibrio para llevar una vida integrada. Él es principalmente corazón (cerebro límbico) capaz de sentir, amar, mostrar empatía, vivir la ética del bien vivir y desarrollar la espiritualidad, el mundo de las excelencias. Esto fue vastamente recalcado bajo el pretexto de impedir la objetividad del saber. Pero lo que ganó hegemonía, en el conjunto de las energías humanas, fue la razón. Por la razón se descifran las leyes de la naturaleza, se penetró en las estructuras más ignotas de la naturaleza, de la genética y de la energía atómica. Se supo transformar la razón como el gran instrumento de dominación, la razón instrumental-analítica, por la cual se construyó el mundo que tenemos.
El ser humano también posee profundidad que es su dimensión de la espiritualidad y del espíritu. Espíritu es la totalidad del cuerpo/mente, que lo hace capaz de captar el Todo, de sí mismo, del mundo y del universo. Él puede captar aquella Energía de fondo, poderosa y amorosa que sustenta a todos los seres. Él puede abrirse a ella. Se revela por la capacidad de amor, de solidaridad, de compasión, de ternura, de admiración y de veneración frente a la “grandeza” del universo.
Ambivalente como es, él puede expresarse también por lo contrario de estas virtudes y revelarse malévolo y sin piedad. Lanzo como hipótesis que fue la predominancia exclusiva de la razón instrumental analítica, desgarrada del corazón, de la ética y de la espiritualidad, la que creó el mundo amenazador que habitamos. Ella fue usada a partir del siglo XVII en Europa como voluntad de poder-dominación sobre la naturaleza, los pueblos, continentes enteros como África y América Latina. Su expresión histórica es el capitalismo que pone la explotación de los bienes y servicios de la naturaleza, sin ningún respeto a sus ciclos, en función de un desarrollo ilimitado, absurdo, en un planeta limitado. Su lógica interna irrefrenable es la acumulación sin límites, marcada por la competencia sin ningún sentido de cooperación. Su furor de enriquecimiento a costa de la naturaleza y de la fuerza de trabajo de los trabajadores no conoce frenos. Impone a sí mismo límites significa condenarse a sí mismo. Por eso sigue su forma de explotación cada vez más sofisticada e indomable hasta que el planeta Tierra se vuelva inhabitable para ellos y para todos.
Pienso que la invención de las plataformas de IA constituye la suprema expresión de la voluntad de poder y de acumulación a costa de los recursos naturales como agua, tierras raras y otros materiales estratégicos. Una razón artificial fuera de la razón natural puede constituirse como el arma más poderosa de nuestra propia autodestrucción. Si no logramos rescatar el corazón para limitar y enriquecer la razón instrumental-analítica – razón y corazón unidos –, difícilmente evitaremos una tragedia humana.
Creemos que como la vida sobrevivió a 5 grandes dizimaciones en su larga historia, no será ahora cuando sucumba ante esta funesta amenaza de auto-liquidación. Como señalaba el gran biólogo Edward Wilson: la vida no es ni material, ni espiritual ni mortal. Ella pasa por nosotros y sigue adelante. Pues la vida es eterna.
La nueva era se llamará, según el mayor cosmólogo vivo Brian Swimme, ERA ECOZÓICA. El centro ocupará el oikos (la casa, la Tierra): todos convergiendo y encontrándose como hermanos y hermanas junto con los demás hermanos y hermanas de la naturaleza, en la única Casa Común, la Madre Tierra. Entonces tendremos aún futuro. Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://revistaliberta.com.br); escribió también O Tao da Libertação: uma ecologia de transformação (Vozes 2010)








