Familias de Baca denunciaron la instalación de un banco de materiales, propiedad de la empresa Productos de Roca Peninsulares. Dicha explotación de materiales genera problemas de tipo social, ambiental y de salud, por lo que solicitaron la intervención de las autoridades para la pronta solución a esta problemática.
También solicitaron el apoyo asociaciones civiles, como Lucha Maya Peninsular, por la labor que realiza en contra de las cementeras y caleras, así como las sascaberas y concreteras, al igual que las criberas y sitios de extracción de material de construcción, las cuales, son focos de contaminación y generan un problema de gran riesgo a las familias que radican en los alrededores de estas industrias.
El proyecto extractivo encendió la alarma entre la población local debido a los efectos negativos directos que produce en la infraestructura de las viviendas, las actividades agrícolas, el ecosistema circundante, y sobre todo, en la salud de los niños, senescentes, y personas con enfermedades crónico-degenerativas.
De acuerdo con las denuncias, las operaciones dentro de esta cantera minera comprometen la estabilidad del territorio y deterioran la calidad de vida comunitaria.
En especial, debido a que el uso constante de detonaciones masivas y explosiones subterráneas para la extracción de piedra genera vibraciones continuas que cimbran el suelo.
Por ende, los muros de las viviendas colindantes registran fracturas estructurales, lo cual pone en riesgo el patrimonio de las familias ubicadas en las zonas de impacto colateral de dicha actividad industrial.
Asimismo, el impacto ambiental del proyecto minero en Baca resulta considerable, tanto por la deforestación, por lo que hay una afectación directa e inmediata a la flora y fauna del lugar.
Con esta pérdida de biodiversidad, se altera de forma drástica las cadenas biológicas esenciales, perjudicando los procesos de polinización natural y la salud de los suelos ejidales de la región.
Los habitantes señalan que la pulverización de las rocas genera una densa nube de polvo que se asienta de manera constante sobre las parcelas agrícolas vecinas.
Los productores locales afirman que esta capa de sedimento gris asfixia los cultivos tradicionales y arruina la producción de la milpa, lo que conlleva pérdidas en su sustento económico tradicional por la contaminación de sus cultivos.
De igual forma, las micropartículas que generan dañas la salud de las personas, las cuales son transportadas por varios kilómetros a través de los vientos.
El presidente de la asociación Lucha Maya Peninsular, Raúl Quiroz Moo, las micropartículas afectan a los habitantes de Flamboyanes, comisaría de Progreso, y la problemática empeora durante la temporada invernal, ya que los nortes y frenes fríos las trasportan hasta las colonias y fraccionamientos del norte de Mérida.
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