El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu inició una invasión del Líbano con una operación de tierra que implica 100 mil soldados. Además, anunció que se anexiona parte del territorio libanés con el pretexto de una zona de amortiguación y lanzó bombardeos de todo el país. El presidente francés, Emmanuel Macron, al respecto advirtió el martes a Israel contra una operación terrestre en el Líbano, calificándola de «escalada peligrosa y error estratégico », a la vez que afirmó que Hezbolá había cometido un grave error al atacar primero a Israel. Al mismo tiempo, anunció refuerzos militares para Oriente Medio, devastado por la guerra, incluyendo el portaaviones Charles de Gaulle y su escolta de fragatas, que zarparán hacia el Mediterráneo. La realidad es que Israel nunca ha respetado el alto el fuego en el Líbano y sus bombardeos han sido cotidianos, incluyendo la muerte de personas y destrucción de viviendas.
En la ofensiva israelí-estadounidense en Oriente Medio, Israel continúa bombardeando Irán y Líbano simultáneamente, donde fuerzas judías han lanzado una nueva operación contra Hezbolá. Decenas de personas han muerto en ataques aéreos y miles han sido desplazadas en el Líbano. El gobierno libanés ha respondido prohibiendo las actividades militares de Hezbolá.
La justificación israelí dice que tras el lanzamiento de cohetes reivindicado por Hezbolá hacia el norte de Israel, el ejército israelí lanzó incursiones a gran escala en varias regiones del país. El movimiento chií libanés respondía al asesinato del Líder Supremo Alí Jamenei.
Los ataques más violentos se produjeron en los suburbios del sur de Beirut al amanecer del lunes 1 de marzo, donde fueron alcanzados por una gran cantidad de misiles aire-tierra.
Desde el sábado 28 de febrero, Israel y Estados Unidos han estado realizando ataques aéreos contra la capital iraní, Teherán. El líder supremo, Alí Jamenei, murió asesinado en el ataque israelí-estadounidense del sábado.







